La memoria en la literatura contemporánea

Juan Ignacio Chávez
Escribe: Juan Ignacio Chávez
Blogger Principal de MAXIMIXE

“The very longest swell in the ocean, I suspect,
carries the deepest memory” –
A.R. Ammons

La narrativa de la última década revisita el tópico proustiano: los límites de la memoria y el poder de la literatura para explorarlos. Se trate de auto-ficción, como en el caso de Karl Ove Knausgård y Javier Marías, o de ficción en el sentido más general del término, como en el de John Banville y Julian Barnes, todos comparten dos ideas de fondo: i) el poder de la memoria humana es insuficiente para aprehender el infinito flujo del tiempo; ii) el límite entre la memoria y la imaginación es difuso: recordar el pasado es de algún modo inventarlo.

Como sabemos desde David Hume, el problema del tiempo deriva en el problema de la identidad. Si las cosas cambian, ¿cómo podemos saber que somos los mismos? En “El sentido de un final” (Julian Barnes), un hombre mayor no se reconoce al leer una carta escrita por él mismo hace muchos años:

Lo único que podía alegar era que yo había sido su redactor entonces, pero que ahora no lo era. En realidad, no reconocí a la parte de mí mismo de donde procedía la carta. Pero quizá fuese simplemente otro autoengaño.

De modo más explícito, el protagonista de “Todas las almas” (Javier Marías), un académico madrileño se presenta de la siguiente manera:

Pero para hablar de ellos tengo que hablar también de mí, y de mi estancia en la ciudad de Oxford. Aunque el que habla no sea el mismo que estuvo allí. Lo parece, pero no es el mismo. Si a mí mismo me llamo yo, o si utilizo un nombre que me ha venido acompañando desde que nací y por el que algunos me recordarán, o si cuento cosas que coinciden con cosas que otros me atribuirían, o si llamo mi casa a la casa que antes y después ocuparon otros pero yo habité durante dos años, es sólo porque prefiero hablar en primera persona, y no porque crea que basta con la facultad de la memoria para que alguien siga siendo el mismo en diferentes tiempos y en diferentes espacios.

El escepticismo con respecto de la memoria y la identidad reclama el poder del lenguaje para ordenarlos y forjarlos. Ese poder no es infinito, pero existe, y los escritores contemporáneos juegan a designar esa tensión.

Por supuesto, dentro de algún tiempo (más pronto que tarde) será insuficiente que una novela explicite este problema filosófico para resultar innovadora o interesante, en que dicha explicitación deberá ser acompañada por una especulación distinta. Se vislumbra nuevo terreno en “Nuevos Juguetes de la Guerra Fría” (2014), novela del escritor peruano Juan Manuel Robles cuando, tras muchas alusiones a la impotencia de la memoria, hace la siguiente reflexión:

Google y sus calendarios hiperrealistas. Uno puede enterarse de muchas cosas, demasiadas. Esa mañana de lunes hubo 4 grados centígrados de temperatura en La Paz y el cielo estuvo despejado. Por la tarde, llovió. Ese mismo día, en otra parte del continente, salió por primera vez al aire el programa de Oprah Winfrey (esto último parece pueril, y lo es, pero también los mapas están llenos de detalles irrelevantes).

En este pasaje, Ivan Morante (el protagonista) complementa un recuerdo con datos almacenados de Google y los califica de irrelevantes, al mismo tiempo que acepta estar sobrecogido: “…demasiadas”. Aquí el sentido humano se contrapone a la información de una máquina, desprovista de sentido. Si la naturaleza de la memoria es seleccionar algunos recuerdos frente a otros, ¿qué lugar tiene la tecnología frente a esa naturaleza? Esta pregunta toma especial peso dado que la Big Data no solo almacena el pasado, sino que, como Isaac Asimov predice en “Fundación”, determina el futuro.

Como siempre, este nuevo topos es en realidad antiguo: la finitud del ser humano contra la infinitud divina, aun si esa divinidad es creada por él mismo. Como el ave dorada de Yeats, la tecnología sobrevuela la naturaleza y toma un punto de vista eterno, digno de un Dios, y colisiona con la consciencia humana, dedicada a comprender su existencia pasajera, que no conoce comienzos ni finales más que los propios, siempre relativos.

 

Imagen: Fille Née sans Mère, Francis Picabia

Juan Ignacio Chávez

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