Luis Ginocchio Balcázar
Haciendo Futuros

Alimentos 2023, campo y ciudad amenazados

Ahora que suenan las alarmas ante amenazas a la disponibilidad de alimentos para los peruanos y peruanas en las cosechas del próximo año (campaña agrícola 2022/23 cuyas siembras se inician a partir de agosto entrante), la agricultura cobra una importancia nunca antes vista. El lema ‘Sin agricultores no hay comida’ es más vigente que nunca. Revisemos algunas reflexiones frente a esta nueva prueba:

1.- En este país crecientemente urbano, con decenas de ciudades con más de 50 mil habitantes, existe cada vez más dependencia de las ciudades a la producción alimentaria del campo. Además, no obstante ser un país con notorias brechas sociales (en especial en alimentación infantil) y consumo poco saludable en la población, no se cuenta con ente rector oficial de la alimentación nacional.

2.- De la euforia del consumo de la década anterior, con la aparición de la gastronomía como impulso de la diversificación productiva, el país enfrenta hoy el resultado de la baja prioridad hacia la agricultura para el mercado interno (el agro familiar abastece el 57% de los alimentos), con débil infraestructura de acopio, sistema de comercialización y agroindustria.

3.- Ante la inédita alza de los insumos [1] y combustibles, con impactos sobre los distintos eslabones del sistema alimentario nacional, se trata de planificar un conjunto de medidas desde el estado y la sociedad civil para proteger al productor agrario familiar pero también al consumidor de las ciudades, que es quien está más expuesto a sufrir la carestía y escasez de alimentos.

4.- Incluso, habría que pensar en que muchos anuncios que predicen desabasto no cuentan con el sustento numérico suficiente ante la escasez de información oficial sobre la realidad de las zonas de producción de los principales cultivos [2] para las mesas populares, ni tampoco datos sobre consumo de fertilizantes por cultivo e información de los paquetes tecnológicos utilizados, que permitan prever eventuales caídas de cosecha, entre otros datos [3].

5.- Se trata de un tema de la mayor importancia para la seguridad nacional. Al igual que la debilidad de los servicios de salud y educación públicas, la creación de condiciones para una agricultura familiar próspera (asesoría en gestión de negocios, asistencia técnica, servicios financieros y asociativa) permitirá incluirla en las corrientes de inversión, producción y comercio modernos.

6.- Así, la alimentación depende de la agricultura familiar, que, no obstante su rezago, conserva la diversidad biológica, los recursos naturales, y en las cuencas andinas no cobra por los servicios ecosistémicos que brinda. Habrá que ver si las importaciones de alimentos más caras (trigo, maíz amarillo duro, oleaginosas), apoyadas por los subsidios de los países ricos a sus cosechas y derivados procesados, permite que cese la competencia desleal que desalienta a la producción nacional.

7.- Urge reducir la grave anomalía de la pérdida y desperdicios de alimentos, que en Perú llega al 30% de lo cosechado, desde las fincas, acopio y transporte, en mercados mayoristas y minoristas hasta los hogares. Al mismo tiempo, buscar mayor consumo de la diversidad nativa, almacenando y evitando el maltrato a los alimentos. Una campaña con los gobiernos regionales y locales para aprovechar la producción estacional y las tradiciones de las cocinas locales será muy útil.

8.- Algunas medidas comerciales previsoras como puestos reguladores en mercados mayoristas y minoristas, ferias itinerantes con precios mayoristas, ferias campesinas, compras a productores organizados (empadronados) para ser envasadas en las zonas de acopio al interior del país. Y de allí ser direccionadas a centros de distribución a definirse. Un bono de emergencia para los productores de subsistencia que se encuentren en lugares y condiciones de adversidad corresponde.

9.- Entre otras acciones para gestionar los desafíos que se avizoran se sugiere fortalecer la planeación de siembras y seguimiento de cosechas. Asimismo, contar con datos actualizados de campo (productores, finca, ubicación, siembras, cosechas, insumos, costos, precios en chacra, mermas, participación en el comercio). Ello permitirá prever por principales zonas y valles el tamaño y oportunidad de las cosechas, mientras se implementa sistema de comercialización informatizado.

10.- Precisamente, gestionar el sistema alimentario requiere un nuevo sistema de comercialización de alimentos, que exigirá nuevos roles y una inversión en informática y renovación de infraestructura de acopio (en ciudades cercanas a zonas productoras) y mercados de abastos, qué habrá que diseñar. Y aunque tome algunos años su implementación es vital para reducir las asimetrías, elevar su eficiencia y mejorar su resiliencia. Al igual que con los retrasos en salud y educación, las amenazas agroalimentarias nos deben encontrar con un sector público agrario fortalecido. Y una ciudadanía más consciente de la trascendencia de la alimentación y la agricultura para la equidad y el bienestar.

 

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