Jorge Chávez Álvarez
Estrategia para la competitividad

REFORMA AGRARIA, CASTILLO Y DENG XIAOPING

Ad portas de otro gabinete remendado pidiendo confianza, cabe preguntarle frontalmente al presidente en funciones, Pedro Castillo: ¿Hacia dónde quiere ir con tantos nombramientos, gestos y mensajes contradictorios? ¿Pretende emular el radicalismo comunista de Mao Zedong o el reformismo transformador de Deng Xioping?[1] ¡Defínase señor presidente!

Cuando en 1949 el Partido Comunista Chino asciende al poder liderado por Mao, al principio sus políticas parecían tener tintes liberales y democráticos. Sin embargo, a fines de 1950 el Estado ya monopolizaba la industria, haciendo desaparecer todo vestigio de empresa privada. Luego, en 1957 prosigue con el denominado ‘Gran salto adelante’, que implicó la abolición de la propiedad privada en la agricultura y su organización en ‘comunas populares’, divididas en unidades colectivas más pequeñas llamadas ‘brigadas’ y ‘equipos de trabajo’.[2]

El 3 de octubre pasado Castillo anunció la ‘Segunda Reforma Agraria’ diciendo: “pasemos del discurso a la acción, basta de palabrerías”. Sin embargo, hasta hoy no se ve acción alguna ni menos dirección: ¿segunda reforma con qué objetivos? ¿con qué estrategia para alcanzarlos? ¿con qué presupuesto? ¿Con qué metas y en qué plazos? No se sabe.

En mi artículo “Reforma Agraria: ¿No hay Primera sin Segunda?” (04/10/2021) mostré cómo la reforma agraria impulsada por Juan Velasco Alvarado, en vez de lograr su finalidad de elevación sostenible de los ingresos del campesinado y así propiciar una mejor distribución del ingreso y la riqueza, el agro peruano se hundió en un mar de ineficiencias, pérdida de productividad y una corrupción dirigencial que hasta hoy continúa azotando a muchas cooperativas agrarias y comunidades campesinas, ahondando la iniquidad en su interior.

Comparemos el zarpazo al aire y sin brújula de Castillo el 28 de julio con el arranque aterrizado de Deng Xiaoping en diciembre de 1978, al asumir el mando. El primer paso que dio el ‘Arquitecto de la China Moderna’ fue iniciar una ‘segunda reforma agraria’ como soporte de un proceso de industrialización exitosa que había quedado trunco con las políticas de Mao.

Marchó con valentía y decisión en el sentido opuesto a las manijas del reloj de Cerrón: privatizó las comunas populares dando impulso a una agricultura familiar flexible. Si bien agricultores chinos no se convirtieron en propietarios de sus tierras, adquirieron derechos contractuales a largo plazo. El gobierno ha dedicado mucha energía para alargar y fortalecer los derechos de uso de la tierra agrícola. Por fin la Ley de Propiedad de 2007 estableció que los derechos de uso de la tierra de los agricultores son derechos de propiedad privada.

No obstante, su implementación ha revestido diversos grados de rigor. Según una encuesta de 2010,[3] poco más del 60% de las familias campesinas cuenta con certificados de derechos sobre la tierra y cerca de la mitad tiene contratos formales.

La mayor seguridad en la propiedad ha incentivado la inversión y la productividad agrícola, permitiendo la instalación de invernaderos permanentes o sistemas de riego avanzados, así como el desarrollo de la agroindustria y el subarrendamiento a largo plazo en grupos de parcelas vecinas que desarrollan así la agricultura mecanizada a gran escala.

Previo a esta virtual ‘contra reforma agraria’, el campo había quedado sobrepoblado y empobrecido, a consecuencia de haberse abolido la propiedad privada de las tierras agrícolas a fines de los 50’s. Durante el período 1957-1978 el ingreso rural per cápita real decreció en lugar de crecer. En 1978 la producción de granos por agricultor era alrededor de 300 kilogramos, igual que en 1955, mientras que la producción de semillas oleaginosas (esencial en un país donde la cocción es prácticamente freír en aceite) se redujo en cerca de un tercio en dicho período.[4]

Las comunas eran conminadas a producir tanto grano como fuera posible, con magro margen permitido al cultivo de verduras y otros cultivos comerciales. El Estado era el comprador de toda la producción de granos a precios bajos, a fin de minimizar el costo de subsistencia de los salarios urbanos. Con impedimento de la migración del campo a la ciudad, con excepción de los reclutas militares.[5]

Entre 1978 y 1983 la base de la economía agrícola fue cambiada al adoptarse el ‘sistema de responsabilidad del hogar.’ Si bien en diciembre de 1978 el pleno del partido que inició la era de la reforma, siguió condenando la agricultura privada, bendijo a los colectivos rurales que experimentaban con diferentes formas de gestión.

Pero ya en 1980, con Zhao Ziyang como primer ministro y Wan Li como viceprimer ministro a cargo de la política agrícola, se procedió a disolver las comunas para volver a la agricultura familiar privada. A fines de 1982 prácticamente todos los colectivos agrícolas habían desaparecido y a los agricultores familiares se les había asignado derechos para cultivar parcelas individuales de tierra.[6]

Los precios de los productos agrícolas aumentaron rápidamente y, si bien contribuyeron a ampliar las oportunidades para los salariados no agrícolas, hicieron que los ingresos del campo crecieran más rápido que los urbanos, revirtiendo su tendencia de letargo histórico.

Al elevarse fuertemente sus ingresos surgieron mayores incentivos para la inversión, lo que convirtió a los agricultores en demandantes importantes de insumos industriales tales como fertilizantes y maquinaria agrícola. Los ahorros bancarios del campesinado han sido también una fuente de fondos fundamental para impulsar el financiamiento a las empresas manufactureras nacientes.[7]

Además, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, se liberalizó globalmente la economía, se impulsó la inversión extranjera y se llevó a cabo reformas de mercado y de modernización del Estado con una sólida meritocracia y mecanismos de gestión pública transparente sustentada en resultados. Reformas que han sido el sostén del gran milagro económico chino que ha permitido no sólo una expansión espectacular de la producción agrícola, industrial y de servicios, sino también un salto tecnológico impresionante.

Si Castillo quisiera convertirse en el Deng Xiaoping peruano, en el ‘Arquitecto de un Perú moderno’ como lo fue él para China, tendría que empezar por declararle la guerra a la mediocridad reinante en la conformación de su gobierno. Tendría que extirpar de raíz a los reformistas culturales de Perú Libre. ¿Cuán libres pueden aspirar a ser los peruanos guiados por tan maniatadas mentes? ¿Qué destino de riqueza compartida le puede esperar al Perú con tanta miseria previsible?

Como dijera el lapidario Emil Cioran, “Las masas no se ponen en movimiento si sólo tienen que optar entre males presentes y males futuros…Las miserias previsibles no excitan las imaginaciones, y no hay revolución que haya estallado en nombre de un futuro sombrío o de una profecía amarga”.[8]

 

 

 


[1] Deng Xiaoping junto con Liu Shaoqi (entonces presidente de la República Popular China) fueron blancos de la ‘Revolución Cultural’ impulsada por Mao (presidente del Partido Comunista Chino) como campaña de reafirmación ideológica para mantener el poder frente a reformistas como Deng y Liu, quienes fueron acusados de derechistas y contrarrevolucionarios. Apartado de la cúpula del poder durante esos años de conmoción ideológica, Deng acabaría volviendo a un primer plano de la actividad política tras la muerte de Mao, imponiéndose finalmente al sucesor de éste, Hua Guofeng. Véase https://es.wikipedia.org/wiki/Deng_Xiaoping.

[2] “Las comunas populares eran agrupaciones de cooperativas agrícolas creadas con el fin de superar el excesivo apoyo a la industria estatal y fomentar la producción agrícola”. Natalia Pérez López (2015). Las transformaciones económicas en China. Tesis de grado en economía. Universidad de Valladolid. El sector agrícola era entonces el más grande de la economía. Llegaba a pesar 37% del PIB y generaba casi las ¾ partes del empleo.

[3] Fuente: Landesa, organización de derechos de uso de la tierra.

[4] Véase Arthur R. Kroeber (2016). China’s economy: What everyone needs to know. Oxford University Press, pp. 27-42.

[5] Ibid.

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] E.M Cioran, “A propósito de dos clases de sociedad: Carta a un amigo lejano. En Historia y utopía.

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