Si el mayor imán turístico del Perú perdiera su brillo, el impacto para el país sería importante tanto en lo económico como en lo simbólico. Seguramente el país descubriría, y tarde, que su joya inca, además de ser un enorme generador de divisas, lo es también de estabilidad territorial, empleo y cohesión social. La parálisis de su motor turístico expondría vulnerabilidades estructurales y pondría a prueba la capacidad del Estado para sostener el desarrollo regional.
El imán que se apaga
A octubre de 2025, Cusco enfrenta una de sus temporadas más turbulentas desde la crisis sanitaria de 2020. Los bloqueos ferroviarios en la ruta Ollantaytambo-Aguas Calientes, las protestas de comunidades locales por el control de rutas de transporte y las disputas empresariales por la concesión del servicio de buses han interrumpido el flujo turístico hacia Machu Picchu durante semanas. Los hoteles del Valle Sagrado operan al 50% de su capacidad, las cancelaciones internacionales superan el 15% y las agencias de viajes reportan pérdidas que rondan los S/ 200 millones en reservas. En las calles de Cusco, las pancartas de protesta se mezclan con turistas desorientados, mientras los gremios exigen la intervención del Gobierno central.
La prensa extranjera ha comenzado a advertirlo: Le Monde incluyó recientemente a Machu Picchu entre los “destinos a evitar” por su saturación, caos logístico y deterioro ambiental. Los titulares de Reuters y The Guardian coinciden en que el santuario se encuentra en su momento más crítico desde su inscripción como Patrimonio Mundial de la UNESCO. La combinación de congestión, precios elevados, fallas en el sistema de boletaje y conflictos entre el sector público y privado amenaza con erosionar un activo que genera casi el 70% del turismo receptivo del país.
El impacto trasciende las ruinas. En un país donde el turismo aporta cerca del 3.9% del PBI nacional, sostiene más de 1.4 millones de empleos y representa uno de los sectores más intensivos en mano de obra, la eventual pérdida del atractivo de Machu Picchu se traduciría en una amenaza sistémica: afectaría el empleo, la balanza de servicios y dañaría la imagen internacional del Perú como destino turístico y cultural.
Canales de transmisión del impacto económico
El estudio de MAXIMIXE realizado para el MINCETUR (2024) ofrece un marco robusto para comprender los canales de transmisión del turismo hacia la economía. A través de un modelo econométrico de elasticidades y simulaciones contrafactuales, se estimó que la reducción de la inversión pública turística genera una pérdida promedio anual de S/ 3,945 millones en el Valor Agregado Bruto (VAB) del sector, equivalente al 1.6% de su producto. Además, el país dejaría de crear 143,000 empleos por año, con una contracción de S/ 2,000 millones en masa salarial.
El estudio destaca que los efectos se propagan mediante tres vías principales:
- Producción: menor inversión reduce la capacidad de infraestructura y servicios turísticos, afectando la cadena de valor.
- Empleo: la contracción del flujo de visitantes disminuye la demanda de servicios conexos, amplificando el desempleo en regiones turísticas.
- Recaudación fiscal: caída en el IGV turístico, renta empresarial y canon derivado del consumo de servicios.
La elasticidad del consumo privado y de las exportaciones respecto al número de pernoctaciones —estimadas en 1.2 y 0.9 respectivamente— revela que cada 1% de caída en el flujo de turistas genera una reducción casi proporcional en el gasto turístico y en los ingresos por exportaciones de servicios. El multiplicador PBI-inversión, calculado en 1.6, indica que por cada sol invertido en turismo, el país obtiene S/ 1.60 en producto. De manera análoga, el multiplicador empleo-inversión (1.5) implica que cada empleo directo perdido arrastra 1.5 empleos adicionales en actividades conexas.
Tabla 1. Impactos estimados de la pérdida de atractivo e inversión turística (escenario base vs. desinversión)

Fuente: MAXIMIXE (2024)
El costo fiscal y la sostenibilidad del gasto público
Los efectos fiscales de la desinversión turística son más profundos de lo que sugieren las cifras. El turismo es uno de los sectores con mayor retorno fiscal por unidad de inversión: el 12% del incremento del PBI sectorial se traduce en ingresos tributarios directos e indirectos. Una caída del 1.6% en el VAB implicaría una pérdida anual de alrededor de S/ 500 millones en recaudación, comprometiendo los presupuestos de mantenimiento de sitios arqueológicos y programas de conservación.
El turismo actúa, además, como catalizador de la inversión privada. Por cada sol invertido por el Estado, el sector privado aporta entre S/ 1.5 y S/ 2.0 en proyectos hoteleros, transporte y servicios complementarios. La pérdida de confianza derivada de conflictos o desinversión pública paraliza nuevos proyectos, reduciendo la capacidad de absorción de empleo regional. Lima, Cusco, Arequipa y Puno concentran el 82% de las divisas turísticas del país; su contracción tendría efectos multiplicadores negativos sobre la demanda de transporte, aviación, alimentos y bebidas.
Gráfico 1. Efecto multiplicador del turismo en la economía peruana

Fuente: MAXIMIXE (2024)
Choques sociales, empleo y pobreza
El turismo es el principal generador de empleo formal en regiones altoandinas. En provincias como Urubamba y La Convención, más del 70% de los hogares dependen de actividades directa o indirectamente vinculadas a Machu Picchu. La desinversión en infraestructura y promoción turística destruye empleo y debilita los ingresos de miles de microempresas familiares que sostienen la oferta de servicios locales.
El modelo de MAXIMIXE estima que una reducción del 85% de la inversión pública provocaría una pérdida de entre 1.5% y 2% del empleo total del sector, afectando especialmente a mujeres y jóvenes. Cada 100 empleos turísticos formales perdidos significan 150 empleos indirectos adicionales eliminados en transporte, gastronomía y comercio. El deterioro del ingreso disponible incrementaría la pobreza rural y aceleraría la migración interna hacia Lima y otras capitales departamentales, tensionando los servicios urbanos.
En este contexto, la contracción turística podría añadir hasta 1.2 puntos porcentuales a la tasa de pobreza regional en Cusco y Puno, de acuerdo con simulaciones realizadas sobre los datos de MAXIMIXE y el INEI. El turismo, que históricamente ha actuado como amortiguador social frente a crisis externas, se convertiría en un vector de vulnerabilidad.
Efectos regionales y desigualdad estructural
La pérdida del magnetismo de Machu Picchu tendría consecuencias geográficas asimétricas. Cusco, eje del turismo receptivo, enfrentaría un colapso en su ocupación hotelera, con caídas superiores al 25% en los niveles de hospedaje. Arequipa y Puno, dependientes del flujo de circuitos turísticos integrados, experimentarían una retracción de visitantes que afectaría restaurantes, transporte terrestre y comercio artesanal. Lima, aunque más diversificada, vería reducidos los ingresos aeroportuarios y los márgenes de aerolíneas y agencias emisoras.
En el mediano plazo, la desinversión turística impactaría la inversión privada regional. Las Pymes —que representan el 90% de las empresas turísticas— serían las primeras en sufrir: menores ventas, despidos y cierres definitivos. En cambio, las grandes cadenas hoteleras, con capacidad de diversificar mercados, resistirían mejor el shock, acentuando la desigualdad empresarial y territorial.
El turismo sin Machu Picchu: sustitutos y límites del modelo
Sostener el flujo turístico del Perú sin Machu Picchu es prácticamente imposible en el corto plazo. Ningún otro destino posee su reconocimiento global ni su infraestructura de acceso. Choquequirao, aunque prometedor, está limitado por la falta de vías seguras y servicios básicos; Kuelap, afectado por derrumbes, permanece cerrado temporalmente; y las Líneas de Nasca ofrecen una experiencia complementaria, no sustitutiva. Según Mincetur, más del 70% de los turistas internacionales incluyen Machu Picchu en su itinerario; su exclusión reduciría en 30% la estadía promedio y en 25% el gasto diario.
A nivel macroeconómico, esta pérdida equivaldría a un retroceso de cinco años en los niveles de ingreso turístico. El Perú perdería competitividad frente a destinos culturales del Cono Sur y Asia, al tiempo que su reputación de gestión patrimonial se deterioraría en organismos internacionales.
Tipo de cambio, balanza externa y estabilidad macro
El turismo es también una fuente estratégica de divisas. En 2024, el sector generó US$ 3,500 millones en ingresos, lo que representa el 15% de las exportaciones de servicios. Una caída del 20% supondría una pérdida de US$ 700 millones anuales, presionando la cuenta corriente y debilitando la posición de reservas internacionales. El tipo de cambio respondería al alza, encareciendo importaciones y amplificando la inflación de costos.
El turismo actúa como amortiguador frente a la volatilidad de los precios de los minerales. Sin Machu Picchu, el Perú perdería una de sus principales fuentes anticíclicas de estabilidad externa. La depreciación del sol y la reducción del gasto turístico interno también golpearían al consumo, reduciendo el crecimiento del PBI total entre 0.2 y 0.4 puntos porcentuales.
¿Qué debe hacer el Gobierno?
El policy playbook que el Gobierno debe realizar de manera prudencial es el siguiente:
- Reforzar la inversión pública turística: garantizar la conservación del patrimonio y la ampliación de capacidad operativa mediante obras de mantenimiento permanente, priorizando el cumplimiento de los estándares UNESCO.
- Descentralizar la gestión del turismo: establecer consorcios regionales con participación de comunidades locales, gobiernos y empresas privadas para reducir conflictos y mejorar la gobernanza.
- Modernizar la logística de acceso: concesionar con transparencia el transporte ferroviario y vial, implementar un sistema digital único de boletaje y establecer límites de aforo sostenibles basados en evidencia científica.
- Diversificar la oferta turística: desarrollar polos complementarios (Choquequirao, Amazonas, turismo rural y de naturaleza) para ampliar la base de destinos y reducir la concentración del flujo internacional.
- Fomentar inversión privada verde y resiliente: crear incentivos tributarios vinculados a proyectos de turismo sostenible, eficiencia energética y compensación de huella de carbono.
- Blindar la reputación internacional: reposicionar la marca Perú mediante campañas de comunicación basadas en sostenibilidad, seguridad y experiencia cultural auténtica.
- Fortalecer la institucionalidad del sector: integrar los programas de Mincetur, Cultura y Ambiente bajo un sistema único de planificación turística de largo plazo.
La advertencia del silencio inca
Si Machu Picchu se apagara, el eco no sería solo económico. Sería el símbolo de una desconexión entre el crecimiento y la preservación. Las cifras de MAXIMIXE son una advertencia: la elasticidad del turismo frente a la inversión pública es alta y su dependencia de la estabilidad institucional, aún mayor.
El desafío no es únicamente mantener abierto un santuario arqueológico, también lo es preservar la red económica y social que gira en torno a él. Cada tren que parte de Cusco hacia Aguas Calientes transporta más que turistas: lleva empleo, cultura y esperanza. Si ese tren se detuviera, el Perú tendría que reinventar además de su modelo turístico, su identidad de país moderno y sostenible.
Fuentes:
- MINCETUR & MAXIMIXE (2024), Impacto Económico de las Inversiones Públicas y APP del Sector Turismo 2015–2024.
- El Comercio (2025), Infobae (2025), Le Monde (2025), Reuters (2024), The Guardian (2024), AP News (2024), Mincetur.gob.pe, Unesco.org.


