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¿Por qué nos endeudamos en Navidad? Una mirada al bolsillo peruano

23 de diciembre de 2025
¿Por qué nos endeudamos en Navidad? Una mirada al bolsillo peruano

La campaña navideña representa el pico comercial anual tanto en el Perú como en gran parte del mundo, concentrando 35% de las ventas minoristas anuales en unas pocas semanas. Sin embargo, desde la perspectiva del consumidor, este período genera la mayor vulnerabilidad financiera familiar, con incrementos en endeudamiento que pueden extenderse meses después. Un reciente estudio (McNair et al., 2024) analiza en profundidad la propensión al gasto y endeudamiento inducida por estas fiestas, identificando mecanismos psicológicos clave como la ansiedad financiera, el materialismo exacerbado por publicidad estacional y la presión social para mantener apariencias.

En el contexto peruano, estos factores se intensifican notablemente debido a características locales como el alto costo del crédito de consumo y la prevalencia de la informalidad laboral, que limita el acceso a ingresos estables post-fiestas. A continuación, calibramos los cuatro mecanismos identificados en el estudio de referencia para explicar la «resaca financiera» que afecta a las familias peruanas en enero, cuando el gasto excesivo colisiona con la realidad presupuestaria del nuevo año.

1. Diciembre como shock recurrente de demanda y crédito

Todos los años ocurre lo mismo. Justo en el período en que el entorno público comunica riesgo (incertidumbre institucional, empleo formal con tracción insuficiente, inversión privada cauta), la economía familiar pisa el acelerador. El hogar opera bajo una lógica desconectada de la realidad nacional, impulsando el consumo en retail, alimentos, entretenimiento y regalos, ‘lubricado’ por la facilidad de los pagos digitales (QR, contactless) y financiado con un crédito de consumo peligrosamente caro.

¿Cómo explicamos esta desconexión cognitiva abismal entre la incertidumbre estructural del país y la euforia desmedida del consumidor individual? ¿Por qué un país preocupado por su futuro inmediato gasta como si no hubiera un mañana? La respuesta se debe, en parte, a la compleja y a menudo irracional arquitectura de la mente humana.

Un reciente estudio de McNair, Nyhus y Ranyard (2024) analiza cómo, bajo situaciones de alta presión emocional, social y simbólica —como la campaña navideña— los criterios financieros se relajan y la propensión al endeudamiento aumenta. Estos comportamientos siguen patrones identificables y se activan cuando ciertos sesgos cognitivos operan en entornos que facilitan el gasto y trasladan sus costos al futuro.

Al calibrar estos hallazgos con el caso peruano —marcado por una economía dual persistente, un crédito de consumo estructuralmente caro y arreglos institucionales como la gratificación legal— la campaña navideña aparece como una tormenta perfecta en la que incentivos económicos, normas sociales y sesgos conductuales convergen, nublando el juicio financiero y desplazando las consecuencias hacia enero.

2. Mecanismos psicológicos que se activan en Navidad

A continuación, diseccionamos en profundidad los cuatro mecanismos psicológicos identificados en el estudio que convierten a diciembre en el mes más peligroso para el patrimonio familiar peruano y explicamos por qué somos tan biológicamente vulnerables a ellos.

2.1. Mecanismo 1: El «Efecto Grati» y la trampa de la contabilidad mental

El estudio de McNair et. al (2024) identifica que la percepción de la Navidad como un momento de «indulgencia», licencia moral y excepción a la regla es el mayor predictor del gasto excesivo. En el Perú, este fenómeno tiene un combustible de alto octanaje único en la región, institucionalizado por ley: el depósito de la “gratificación de diciembre” (y su prima hermana, la CTS de libre disponibilidad).

Para la teoría económica clásica, el dinero es fungible, un billete de S/ 100 vale exactamente lo mismo y tiene el mismo poder adquisitivo si proviene de un salario arduamente ganado tras 30 días de labor, de una herencia inesperada, de un hallazgo fortuito en la calle o de un premio de lotería.

Sin embargo, para la economía conductual, esto es absolutamente falso. Existe un sesgo cognitivo poderoso llamado Contabilidad Mental (Mental Accounting), acuñado por el Premio Nobel Richard Thaler, que explica cómo los humanos etiquetamos el dinero subjetivamente dependiendo de su origen, alterando irracionalmente cómo lo gastamos.

El trabajador peruano tiende a compartimentar sus ingresos en «cuentas mentales» separadas con reglas emocionales y permisos de uso radicalmente distintos, creando una doble realidad financiera:

  • El sueldo mensual («dinero operativo»): Este ingreso se etiqueta mentalmente como «dinero de supervivencia». Está destinado rigurosamente al pago de la luz, el agua, la pensión del colegio, el mercado semanal y el transporte diario. Este dinero está protegido por un alto umbral de dolor al gasto, nos duele físicamente usarlo en frivolidades porque nuestro cerebro lo asocia con la seguridad básica y la supervivencia de la familia. Tocar el sueldo para un lujo se siente irresponsable.
  • La gratificación («dinero discrecional»): Por el contrario, la gratificación se etiqueta erróneamente como «dinero regalado», un «extra» o un «bono». Aunque legalmente es parte del salario anual diferido y debería presupuestarse como tal, psicológicamente se percibe como un excedente extraordinario desconectado del esfuerzo habitual mensual. Al cambiar de etiqueta mental, el umbral de dolor al gastarlo disminuye drásticamente hasta desaparecer.

Esta distorsión provoca un «Efecto Riqueza» temporal. Una familia que ha estado ajustada todo el año, haciendo malabares para llegar a fin de mes, de repente ve duplicado su ingreso neto en un solo día. La racionalidad financiera dictaría utilizar este capital fresco para sanear finanzas estructurales, por ejemplo prepagar deudas o construir un fondo de emergencia.

Sin embargo, el cerebro racionaliza su uso para consumo suntuario inmediato bajo el efecto de licencia moral. La lógica interna es seductora pero falaz, generando frases del tipo «como este dinero no estaba en mi presupuesto mensual habitual, no cuenta como pérdida; es dinero libre para disfrutar». Así, se quema liquidez de alta calidad en activos que se deprecian instantáneamente al salir de la tienda. El resultado es una familia que empieza enero con los mismos problemas estructurales de noviembre, pero con activos desproporcionados y bolsillos vacíos.

2.2 Mecanismo 2: El «Rol del Proveedor» y la presión social colectivista

En el estudio de McNair et. al. (2024) se identifica la «obligación de regalar» como principal motivación del gasto navideño. En el Perú, una sociedad colectivista, jerárquica y con dinámicas familiares patriarcales, esta presión adquiere un carácter sistémico e intensificado por la era digital. Así, el consumo trasciende la transacción comercial para convertirse en un ritual antropológico de pertenencia y validación social.

En nuestra cultura, el gasto navideño es profundamente relacional y simbólico. El regalo, la cena abundante, el panetón de marca premium y el pavo de 8 o 10 kilos actúan como validadores de estatus, éxito personal y, fundamentalmente, de afecto y lealtad al clan familiar.

Existe un temor implícito y paralizante a «quedar mal». Ser percibido como «tacaño» o incapaz de proveer una celebración digna para los suyos, conlleva una sanción social silenciosa pero dolorosa en el entorno familiar. El «intercambio de regalos» o el «Amigo Secreto» en la oficina o la familia extensa deja de ser un juego lúdico para convertirse en una obligación financiera coercitiva.

El valor monetario del regalo se relaciona erróneamente con el nivel de aprecio, respeto o compromiso laboral. No regalar, o regalar algo «barato» o genérico, se lee como una ofensa personal o una falta de respeto. Esto obliga a las personas a estirar sus presupuestos para comprar regalos de marcas reconocibles, buscando la validación externa a través del precio visible.

Además, ahora a la presión tradicional se suma la presión performativa digital. La necesidad de documentar la «Nochebuena perfecta» en redes sociales impulsa el consumo conspicuo. No basta con cenar; la mesa debe verse «instagrameable», la decoración debe ser temática y actualizada a las tendencias de TikTok y los regalos deben ser visibles y abundantes al pie del árbol.

Esto eleva artificialmente los estándares estéticos y, por ende, el costo financiero de la celebración. Muchas familias financian esta puesta en escena pública con deuda privada que se pagará en silencio y con angustia durante meses.

2.3 Mecanismo 3: El sesgo del presente y la escasez (visión de túnel)

Quizás el hallazgo más preocupante y contraintuitivo del estudio de McNair et. al. (2024) es que las personas que ya experimentan dificultades financieras severas no necesariamente frenan su consumo, buena parte de los casos auditados en el estudio aumentaron su propensión a pedir prestado para mantener el ritmo de gasto.

La psicología de la escasez, estudiada profundamente por los economistas conductuales Sendhil Mullainathan y Eldar Shafir, explica que la pobreza o la falta de liquidez captura la atención y reduce drásticamente el «ancho de banda cognitivo». Es decir, estar preocupado por dinero literalmente nos hace menos inteligentes temporalmente (se estima una caída de hasta 13 puntos de coeficiente intelectual, equivalente a los efectos de perder una noche entera de sueño).

Esto genera una «visión de túnel», es decir la persona se enfoca obsesivamente en resolver la urgencia inmediata (cumplir con la cena de hoy, tener el juguete para mañana para que el hijo no llore y no se sienta «menos» en el barrio) y pierde la capacidad cognitiva para calcular las consecuencias futuras desastrosas. Lo urgente devora a lo importante. El futuro se descuenta a una tasa irracionalmente alta.

En el ecosistema financiero peruano, esta miopía temporal es letal debido a dos factores estructurales:

  • El mercado formal y el descalce de plazos: El error financiero fundamental es el descalce de duración (duration mismatch). El consumidor peruano financia un activo de duración cero (una cena navideña que dura 2 horas, unos cohetes que duran segundos o ropa que pasará de moda) con pasivos de larga duración (12, 24 o hasta 36 cuotas) con Tasas de Costo Efectivo Anual (TCEA) en tarjetas retail (tiendas por departamento) que pueden superar el 100% o 120%, terminan pagando el precio de dos o tres productos idénticos al finalizar el crédito.

Aquí opera el sesgo del presente (hyperbolic discounting) que tiene que ver con el hecho de que valoramos la satisfacción inmediata de la compra hoy infinitamente más que el dolor abstracto de pagar intereses altos dentro de ocho meses.

Las campañas de marketing agresivas tipo «compre ahora y empiece a pagar en marzo» explotan este sesgo magistralmente puesto que eliminan el dolor presente y lo difieren al futuro, cuando la euforia ya se habrá evaporado y solo quedará la deuda fría. Además, muchos caen en la trampa del «pago mínimo», extendiendo la deuda por años y convirtiendo una cena en una hipoteca emocional.

  • El mercado informal y la trampa mortal del «Gota a Gota»: El sector informal, que abarca más del 70% de la PEA peruana, no accede a gratificaciones ni tarjetas de crédito bancarias. No obstante, enfrenta idéntica presión social por cumplir con el gasto navideño, recurriendo mayoritariamente al endeudamiento informal como alternativa principal. Esto agrava la vulnerabilidad financiera post-fiestas, con tasas de usura que superan el 100% anual en muchos casos.

Aquí, el riesgo conductual se transforma en un riesgo a la integridad física. El prestamista «Gota a Gota» (muchas veces vinculado a redes criminales internacionales y ahora operando también a través de aplicativos móviles fraudulentos que se descargan inocentemente) ofrece inmediatez absoluta sin trámites, sin aval y sin evaluación de riesgo, aprovechando la visión de túnel del deudor desesperado.

Este acepta condiciones usureras (intereses diarios del 20% o pagos semanales infinitos) imposibles de cumplir matemáticamente. Así, una deuda inicial para comprar regalos se convierte en una pesadilla de extorsión, amenazas y violencia que pone en riesgo la vida de la familia entera, atrapándolos en un ciclo de pobreza y miedo.

2.4 Mecanismo 4: Compensación emocional

El estudio en mención vincula directamente el afecto negativo (estrés, tristeza, ansiedad, soledad) con una mayor propensión al gasto. Es la famosa «Retail Therapy» o terapia de compras, que funciona como un mecanismo de regulación emocional, no financiero.

Vivir en ciudades como Lima, que implica soportar una carga de estrés crónica como el tráfico caótico que roba horas de vida, inseguridad ciudadana que nos mantiene en alerta permanente, ruido agresivo y contaminación visual. En este contexto urbano hostil, el centro comercial moderno (Mall) se convierte en un refugio seguro. Es un espacio climatizado, ordenado, limpio, iluminado, con música ambiental y vigilancia privada; es un oasis de modernidad diametralmente opuesto al caos del exterior.

Allí, el consumo actúa como un ansiolítico temporal. Comprar genera una liberación de dopamina rápida en el cerebro (el circuito de recompensa) que alivia momentáneamente el malestar acumulado durante el año. «Me lo merezco porque he sufrido mucho este año» es el racionalizador de compra más potente y costoso del mercado peruano. No compramos objetos, compramos alivio, compramos una pausa, compramos la sensación de control sobre nuestras vidas.

Además, la revolución Fintech en el Perú ha eliminado una barrera psicológica crucial para la contención del gasto: la «fricción de pago». Esto se visualiza en dos hechos:

  • El fin del «dolor de pagar»: Estudios de neuroeconomía demuestran que entregar billetes físicos activa áreas del cerebro (la ínsula) asociadas al dolor físico real y la aversión a la pérdida. Ver disminuir el grosor de la billetera duele y nos frena. Sin embargo, escanear un QR con Yape o Plin, o acercar una tarjeta Contactless, es un acto indoloro, aséptico y abstracto. No se siente la pérdida, solo se percibe la ganancia del producto.
  • El gasto hormiga digital: Esta digitalización invisibiliza el desprendimiento de la riqueza. Facilita micro gastos impulsivos y constantes que, al no sentirse como pérdidas tangibles, se acumulan silenciosamente erosionando la capacidad de ahorro hasta dejar la cuenta en cero.

Tabla 1. Los mecanismos y el riesgo financiero asociado a la Navidad

Mecanismo Psicológico (El Gatillador) Manifestación en el Contexto Peruano Mecanismo de Transmisión (El Vehículo) Riesgo Financiero Asociado (El Impacto)
Mecanismo Psicológico:1. El «Efecto Grati» y la Trampa de la Contabilidad Mental Manifestación en el Contexto Peruano:El ingreso de la gratificación no se percibe como salario regular («patrimonio»), sino como un «bono de libre disponibilidad» (windfall gain). Se asigna mentalmente al ocio antes que al prepago de deuda. Mecanismo de Transmisión (El Vehículo):• Consumo suntuario (tecnología, ropa de marca). • Viajes de fin de año. • Remodelación impulsiva de vivienda. Riesgo Financiero Asociado (El Impacto):Descapitalización Rápida: Las familias queman liquidez de alta calidad (efectivo) en activos que se deprecian, quedando vulnerables para los gastos escolares de febrero/marzo.
Mecanismo Psicológico:2. El «Rol del Proveedor” y la Presión Social Colectivista Manifestación en el Contexto Peruano:En el Perú el gasto es un validador de estatus y afecto. Existe la obligación cultural de «cumplir» con la familia extendida (padres, ahijados, sobrinos) y la cena navideña como ritual innegociable. Mecanismo de Transmisión (El Vehículo):Tarjetas de Crédito Retail: Uso intensivo de «cuotas» para regalos y cena. • Microcréditos: Préstamos rápidos de consumo. Riesgo Financiero Asociado (El Impacto):Endeudamiento de Alto Costo (TCEA > 80%): Se financian bienes de consumo inmediato (que duran horas, como la cena) a plazos largos (12 hasta 36 meses), pagando hasta el doble del precio real por intereses.
Mecanismo Psicológico:3. El Sesgo del Presente y la Escasez (Visión de Túnel) Manifestación en el Contexto Peruano:Quienes llegan a diciembre con déficit financiero priorizan resolver la «urgencia de la fiesta» hoy, descontando irracionalmente el costo futuro de enero. La escasez reduce el ancho de banda cognitivo para calcular costos reales. Mecanismo de Transmisión (El Vehículo):Disposición de Efectivo: Retiro de efectivo de tarjeta de crédito (tasas extremas). • «Ruleteo»: Pagar una tarjeta con otra. • Sector Informal: Préstamos «Gota a Gota». Riesgo Financiero Asociado (El Impacto):Insolvencia y Riesgo Físico: En el sector formal, lleva al sobreendeudamiento crónico. En el informal, el riesgo escala a la seguridad personal por cobranza coactiva delictiva.
Mecanismo Psicológico:4. Compensación Emocional («Retail Therapy») Manifestación en el Contexto Peruano:Gasto realizado para aliviar el estrés acumulado por la inestabilidad política, inseguridad ciudadana y tráfico. El consumo actúa como un ansiolítico temporal ante un entorno hostil. Mecanismo de Transmisión (El Vehículo):Micro gastos digitales: Uso impulsivo de billeteras digitales (Yape/Plin) para gustos diarios. • Centros Comerciales: El mall como refugio seguro que incentiva la compra por impulso. Riesgo Financiero Asociado (El Impacto):Erosión del Flujo de Caja: El «gasto hormiga» digitalizado se vuelve invisible. No genera grandes deudas únicas, pero destruye la capacidad de ahorro mensual sistemáticamente.

Elaboración y adaptación a la realidad peruana: MAXIMIXE

3. Externalidades: Por qué el fenómeno importa más allá del hogar

El sobreendeudamiento navideño no es una anécdota de consumo. Tiene externalidades:

  • Debilita enormemente la capacidad de pago en el primer trimestre siguiente, justo cuando se concentran obligaciones recurrentes (educación, transporte, seguros, servicios) y se reduce el “colchón” de liquidez.
  • Incrementa probabilidad de mora temprana en crédito rotativo y presiona refinanciaciones.
  • Empeora bienestar financiero y estrés, con impacto sobre productividad laboral.
  • Incentiva informalidad financiera en segmentos sin acceso a crédito formal.

En el agregado, el país observa una paradoja en la que el consumo se acelera en diciembre, pero el bienestar financiero se deteriora en enero. La dinámica se parece a un “rebote” de demanda financiado por pasivos, no por mejora estructural de ingresos.

4. Hoja de ruta familiar: Cómo disfrutar de la Navidad sin endeudarse

El éxito financiero en Navidad no depende de cuánto se gana, depende de las reglas de juego establecidas antes de empezar a gastar. La evidencia nos dice que intentar controlarse en medio de la euforia comercial es inútil; se requiere diseñar una ‘Política Interna del Hogar’ con límites visibles y fricción deliberada. Si se quiere disfrutar de las fiestas sin sacrificar la tranquilidad futura, se debe implementar estos cuatro controles de gestión de riesgos de forma inmediata:

Control 1 – Asignación automática de ingresos estacionales: La gratificación se gestiona como evento de caja. La asignación se ejecuta antes de la exposición al entorno de consumo. El orden sugerido es el de primero amortizar la deuda rotativa cara, aumentar el fondo de matrícula escolar o el fondo de emergencia, y recién después de todo ello, disfrutar del presupuesto navideño.

Control 2 – Regla anti-descalce: Consumo efímero se paga en máximo una cuota. Las cuotas crediticias se reservan para bienes durables o inversión real (educación, herramientas de trabajo, mejoras estructurales del hogar).

Control 3 – Gobernanza social del ritual: El hogar formaliza topes como tope por regalo, intercambio con monto fijo, cena colaborativa con aportes o rotación anual de beneficiarios. La presión social se transforma en acuerdo operativo.

Control 4 – Fricción deliberada y monitoreo: Se reinstala fricción donde el sistema la elimina, mediante presupuesto en efectivo para rubros de impulso, límites temporales a líneas rotativas para compras discrecionales o alertas de gasto en tiempo real. La fricción opera como control de riesgo, no como castigo.

… En conclusión

Enero no sorprende. Enero consolida decisiones tomadas en diciembre bajo sesgos identificables y bajo fricciones de pago decrecientes. Al nombrar los sesgos y rediseñar la arquitectura de decisión, el hogar reduce la probabilidad de resaca financiera sin renunciar al ritual, pero sí renegociando su costo real.


Referencias bibliográficas

McNair, S., Nyhus, E. K., & Ranyard, R. (2024). Propensity to spend and borrow at a time of high pressure: The role of the meaning of Christmas and other psychological factors. Frontiers in Behavioral Economics.

Mullainathan, S., & Shafir, E. (2013). Scarcity: Why having so little means so much. Times Books.

Thaler, R. H. (1999). Mental accounting matters. Journal of Behavioral Decision Making, 12(3), 183–206.