Jorge Chávez Álvarez
Estrategia para la competitividad

EDUCACIÓN SUPERIOR: PROPUESTA DE VICTORIA NACIONAL

Por Jorge Chávez Álvarez, Jefe del Plan de Gobierno de Victoria Nacional [1][2]

La concepción de la propuesta de educación superior de Victoria Nacional se sustenta en el análisis del proceso de globalización y de la manera en que ha catapultado la economía del conocimiento y los servicios tercerizados, demandando competencias cada vez más especializadas. En este contexto “la enseñanza” deviene en un concepto obsoleto desplazado por “el aprendizaje”, como nuevo paradigma que permite pasar del conocimiento codificado (know what y know why) al conocimiento tácito (know how y know who), factor crítico de éxito que hace referencia a las destrezas adquiridas a partir de la experiencia.

El aprendizaje sólo ocurre en la interacción entre la teoría y la práctica, lo que obliga a cruzar diversas esferas, desde la escuela hasta los institutos superiores tecnológicos, las universidades, las empresas, los centros de investigación y las consultoras, que son las que dominan mejor el “know who”; o sea, el saber quién o quiénes tienen las destrezas necesarias y cómo organizarlas para llevar a la práctica una teoría o fórmula dentro de una empresa o grupo de investigación.

La escuela se abre en sus últimos años lectivos para conectarse con la educación superior tecnológica, mientras que la universidad se abre hacia las empresas desarrollando con ellas “Sociedades del Conocimiento”, que articulan los esfuerzos de investigación y docencia no sólo de universidades convencionales, sino también de centros técnicos, universidades empresariales, centros de educación a distancia o virtuales, institutos de investigación de élite, consultoras, etc. En el mundo desarrollado hoy por hoy todas estas instituciones compiten en formación de pregrado y postgrado con los programas universitarios estándares.

El Plan de Gobierno de Victoria Nacional recoge esta visión para enfocar una reforma educativa que forje ciudadanos con capacidad de comprender las diversas culturas de un mundo cada vez más intercultural y puedan razonar de manera compleja para poder afrontar riesgos sin temor y tomar decisiones en condiciones de incertidumbre.

Se trata de una educación que forme para el trabajo y para participar activamente en la sociedad del conocimiento, demandante de profesionales en campos cada vez más específicos, exigiendo a las universidades e institutos técnicos de educación superior a enfocarse en nuevas ramas del conocimiento y en la constante innovación y actualización de sus sistemas de aprendizaje en red, no de enseñanza tradicional.

Dentro de este marco, la educación superior técnica es clave para elevar la productividad de las empresas. Sin embargo, en el Perú sólo ha aumentado su oferta de manera exponencial, más no su calidad y pertinencia, siendo manifiesto su divorcio con las competencias laborales demandadas, debido a su clamorosa desarticulación con la empresa privada, a lo que se suma su deficiente gestión, tecnología, equipamiento y materiales educativos.

De ahí que la mayoría de los estudiantes egresados de secundaria prefieran postular a universidades, para estudiar carreras convencionales impartidas bajo cánones de enseñanza obsoletos, divorciados de los procesos de generación de conocimiento útil al proceso productivo del país. Su interés en recibir educación técnica en los institutos superiores es meramente residual, porque se nutre de los postulantes fallidos a la universidad, resignados a recibir una educación percibida como de menor calidad. Menos de un tercio de los estudiantes de quinto año de secundaria pretenden seguir estudios de formación técnica; el resto se proyecta a una universidad.

Se trata de una demanda no exigente, que no busca calidad y especialización porque lo que pretende simplemente es un cartón. La aspiración mayoritaria hacia la universidad obedece a una percepción de obtener mayor estatus con el título universitario que con el de un instituto superior.

Esta problemática se agrava en los institutos superiores públicos, sujetos a un modelo de gestión rígido, plagado de regulaciones administrativas y académicas dictadas desde el Ministerio de Educación. Esta falta de autonomía merma las atribuciones de dichos directivos, agudizando la desmotivación que de por si generan las bajas remuneraciones que perciben.

Los directivos de los institutos públicos mantienen escasos vínculos con las empresas, las cuales tienden a relacionarse más con institutos privados o con institutos públicos sujetos a administración privada, como es el caso del SENATI, CENFOTUR y SENCICO, debido a que éstos muestran mayor capacidad para plantear proyectos innovadores. Se trata de ‘islas de excelencia’ en un mar de precariedad de la educación técnica superior.

El Plan de Gobierno de Victoria Nacional plantea dar un salto en la calidad, relevancia, pertinencia y acceso equitativo a la educación superior, para lo cual propone elevar la calidad de la educación desde la etapa escolar, para así acortar la brecha entre sus contenidos y las competencias demandadas por el mercado laboral, para lo cual postula que la “educación para el trabajo” sea una opción real en los dos últimos años de la secundaria.

Dentro de este marco, el Ministerio de Educación (MINEDU) no sólo sería el ente rector de la formación básica regular, técnica superior y universitaria, sino que también asumiría la rectoría de la formación continua profesionalizada que actualmente promueve sin éxito el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo, imbuido de la responsabilidad de producir empleabilidad, además de bases sólidas para realizar estudios superiores. Sólo así se podrá cerrar esa brecha entre oferta y demanda de empleo.

El Plan de Gobierno de Victoria Nacional también impulsa la “Formación en Alternancia” en la enseñanza superior de los institutos tecnológicos, para elevar la empleabilidad de los jóvenes, dándoles competencias técnico-productivas con solvencia práctica. La formación en alternancia define la formación profesional que se realiza en períodos de tiempo alternados entre el centro de formación y el centro de trabajo. El alumno es un aprendiz con un contrato laboral, con derechos y obligaciones laborales, y que al final del período de formación es merecedor o no a un diploma, título o certificado, según el tipo de formación en alternancia recibida.

Dicho plan plantea perfeccionar la Ley sobre Modalidades Formativas Laborales (Ley N° 28518), que establece un andamiaje institucional promotor de la interconexión de la oferta formativa y la demanda de trabajo, para elevar la empleabilidad y productividad de los jóvenes.

Entre las ventajas de la Formación en Alternancia destacan:

  • Inserción directa, rápida y exitosa en el mercado laboral.
  • Adquisición de conocimientos, destrezas y habilidades técnicas necesarias para ejercer un oficio cualificado y responder a las necesidades específicas de la empresa.
  • Formación en el compromiso con la realidad económica concreta, permitiendo adaptarse a los cambios del entorno económico.
  • Promueve la auto-realización y la pasión profesional, por el permanente contacto con la realidad y el descubrimiento de su propia contribución.
  • Desarrolla la confianza, la ciudadanía, las habilidades interpersonales y el sentido de la responsabilidad en contacto con sus colegas de trabajo, sus directivos y sus clientes.
  • Brinda calificación a jóvenes de sectores desfavorecidos, reduciendo el fracaso escolar.
  • Facilita el relevo generacional y la adecuación de la oferta a la demanda laboral.
  • Desarrolla la gestión previsional de los recursos humanos en las empresas.
  • Responsabiliza a la empresa de la formación de sus futuros empleados.

El Plan de Gobierno de Victoria Nacional también promueve el desarrollo de redes de conocimiento, capaces de innovar de manera abierta, sin fronteras nacionales ni institucionales. Ello supone promover la formación de ambientes de innovación, donde puedan interactuar descubrimientos y aplicaciones en un proceso recurrente de prueba y error, para aprender creando. Ambientes propicios para atraer la presencia de centros de investigación, empresas de tecnología avanzada, una red de proveedores de bienes y servicios y redes empresariales de capitales de riesgo para financiar las primeras inversiones.

Las redes de conocimiento son sistemas colaborativos orientados a la construcción y difusión del conocimiento, que están potenciados por plataformas telemáticas y por ambientes físicos facilitadores de la articulación cognitiva entre universidades, centros de investigación, consultoras, empresas innovadoras y entidades de capital de riesgo, todos comprometidos con el intercambio y el desarrollo del conocimiento aplicado, así como con el aprovechamiento de sinergias y oportunidades de recombinación y transposición.

Existen dos tipos de redes de conocimiento que se retroalimentan mutuamente: las redes orientadas al aprendizaje colaborativo y las dirigidas a la creación, transformación y diseminación del conocimiento. Las primeras promueven el intercambio y desarrollo del conocimiento en el seno de pequeños grupos estudiantiles para alcanzar objetivos académicos concretos, implicando el uso de metodologías que estimulen el trabajo cooperativo académico. Cada estudiante asume responsabilidad sobre su propio aprendizaje y sobre el del resto de los integrantes del grupo, mientras que el profesor enfoca la enseñanza como proceso constructivo de capacidad de aprender por parte del alumnado, sustentado en el planteamiento de experiencias motivadoras.

El aprendizaje colaborativo se contrapone al aprendizaje tradicional basado en la transmisión unidireccional del conocimiento desde el individuo que dispone del mismo (el profesor) hacia quienes lo reciben (el alumnado).

Tanto la teoría del capital humano (que concibe el conocimiento adquirido como algo transferible de una tarea a otra o de persona a persona) como las teorías de aprendizaje situado (que han puesto el énfasis en la idea de que el conocimiento y el aprendizaje se adquieren en comunidades de aprendizaje), han soslayado la importancia de las interacciones significativas entre la escuela y el lugar de trabajo, en tanto sistemas de actividad, para que haya conocimiento y aprendizaje significativos.

La escuela y el lugar de trabajo se implican en interacciones significativas en las que ambos sistemas de actividad aprenden algo uno del otro, pero no como consecuencia de un proceso de transferencia de paquetes intactos de conocimiento y habilidades, sino como resultado de un proceso de reconstrucción activa y descubrimiento de las habilidades y conocimientos que van a ser transferidos, en el cual el profesor se transforma en mediador y facilitador.

Por su parte, las redes dirigidas a la creación, transformación y diseminación del conocimiento suelen integrar capacidades multidisciplinarias de investigación, transferencia de tecnología e innovación, orientadas a la construcción del conocimiento y/o a su incorporación en los procesos de la organización, apoyándose en plataformas telemáticas que facilitan el monitoreo de los proyectos, la disertación de los miembros del grupo y la generación de debates en equipo.

Dentro de este marco, la competitividad ya no depende de las ventajas comparativas estáticas o de la dotación de factores productivos del país, sino de un conjunto de ventajas dinámicas jerarquizadas que derivan del aprendizaje de saberes codificados y tácitos por parte de los agentes en sus propias prácticas productivas y en el trabajo colaborativo al interior de sus organizaciones o en las redes de conocimiento o sistemas de innovación territoriales.

La competitividad supone sofisticación productiva, lo que se logra en industrias y servicios intensivos en conocimiento, generadores de elevado valor agregado y empleos de calidad. Lo que supone contar con una fuerza laboral altamente educada y tecnificada, así como patrones institucionales colaborativos o redes de conocimiento capaces de desencadenar un círculo virtuoso de innovación aplicada a la producción de bienes y servicios.

En una sociedad así el conocimiento desplaza al trabajo, a las materias primas y al capital como artífices de la estructura productiva y como fuente de la productividad. En buena cuenta, el capital pierde todo su misterio ante el enigma del capital humano (suma de destrezas) y el capital social (capacidades de interacción ecosistémica).

 

 


[1] El contenido de este artículo ha sido elaborado con base en los planteamientos del Plan de Gobierno de Victoria Nacional y los artículos sobre educación superior, ciencia, tecnología e innovación escritos por el autor que forman parte de su blog “Estrategia para la Competitividad”, portal Alerta Económica de la consultora MAXIMIXE.

[2] Candidato a la Vicepresidencia en la plancha presidencial del partido Victoria Nacional que lidera George Forsyth y candidato con el N° 7 por Lima al Congreso de la República.

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