Marcos Kisner Bueno
Bitácora de Pesca

El vacío de conocimiento en el sector pesquero

El desconocimiento del sector pesquero es compartido por la prensa y por la propia sociedad,  por tanto ambos resultan indolentes al problema. Eventualmente esta ignorancia también es compartida por funcionarios que son designados sin mayor experiencia ni conocimiento de la problemática pesquera.

Desde la creación del Ministerio de la Producción en 2002 se ha tenido en total 26 ministros. Promedio en 20 años: 1.30. En el mismo período hubo 17 viceministros. Promedio en 20 años: 0.85.

Durante su existencia, ha habido períodos de gran productividad, impulsados por funcionarios con experiencia en el sector, con ideas, mística, visión de país y de futuro, que fueron acompañados por profesionales de experiencia y conocimiento así como trayectoria en la pesquería. Pero también hubo períodos oscuros de escasa productividad derivados de la designación de funcionarios sin experiencia, sin mística ni idea o visión de la pesca. Sin embargo, en algunos casos hubo profesionales con antigüedad en el cargo y experiencia que balanceaban el desinterés y/o ignorancia de algunos y se equilibraba la balanza, no idealmente, pero se avanzaba. Poco a poco este nivel de funcionarios ha ido escaseando cada vez más.

Cuando las eras oscuras llegan con funcionarios y profesionales sin ninguna de las características necesarias, sino con tan solo intereses personales o de parte, bien sean económicos o de ego personal,  se gesta un futuro negro y sombrío para el futuro del sector.

Ocupar un cargo para el cual no se está debidamente preparado obliga a un periodo de aprendizaje que, dado el corto tiempo que dura la permanencia como muestran las estadísticas, coloca al funcionario en una inferior posición frente a los que sí conocen y queda, además, a merced de las partes interesadas del sector, lo que genera una debilidad en la autoridad. Finalmente el tiempo se acaba, el designado se va y poco o nada aprendió.

Optar o acceder a desempeñar una función para lo cual no se está capacitado, constituye un acto de inmoralidad e indecencia intelectual, tanto de quien designa como de quien acepta, lo que constituye una ofensa al sector y al país. El sector público pesquero no puede ser una escuelita de aprendizaje para alumnos que finalmente no terminan y/o no aprueban el curso, sino un espacio para aplicar políticas y normas en beneficio de la pesquería nacional.

Por otro lado existe un problema colateral que crea un vacío de conocimiento: Funcionarios antiguos y experimentados van siendo reemplazados poco a poco por nuevos, sin el mismo nivel de experiencia; no existe una transferencia ordenada y programada del conocimiento; y los ceses por jubilación, despido, o decisión política, van dejando un hoyo que poco a poco se va haciendo notar ya que sigue creciendo.

En este contexto, ¿Se está conformando el equipo humano idóneo para las tareas pendientes, las que vienen y las del día a día? Por ejemplo, la nueva ley general de pesca en curso de debate en el Congreso, debe ser reglamentada, así como también debe formularse la política nacional de pesca y de acuicultura y muchas normas más.

Se está creando un vacío que, en el corto y mediano plazo, impactará sobre la calidad de las normas. Las Resoluciones y Decretos que regulan la pesquería tienen una parte considerativa previa a la parte resolutiva, la cual debe recoger los antecedentes y el contexto general en el cual se va a emitir el contenido resolutivo. En algunos casos se requiere de una exposición de motivos. Ello implica un trabajo de equipo y requiere de profesionales con memoria y conocimiento de lo que van a resolver a fin de asegurar la calidad regulatoria de la norma y que no sea observada por la Asesoría Jurídica, lo que conlleva pérdida de tiempo.

La reconstrucción de la institucionalidad y la recuperación del tiempo perdido significarán, en su momento, un problema serio, no solo en el Ministerio sino también en sus OPDs.

Pero…¿a quién le importa? Lo que importa hoy en día es la ambición por el poder y la ganancia personal, no el futuro de la patria.

Gonzales Prada nos recuerda el lugar donde estamos en su siempre vigente prosa:

“Niños, sed hombres, madrugad a la vida, porque ninguna generación recibió herencia más triste, porque ninguna tuvo deberes más sagrados que cumplir, errores más graves que remediar ni venganzas más justas que satisfacer. (…) Vuestros antepasados bebieron el vino generoso y dejaron las heces. (…) Todos fuimos ignorantes y siervos; y no vencimos ni podíamos vencer. (…) El Perú es montaña coronada por un cementerio.

Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz.

El Perú gime bajo la dominación de unos cuantos seres privilegiados. (…) En nuestro régimen político, la legalidad y la justicia figuran como breves interregnos. (…) El robo presenta los caracteres de una pandemia nacional (…). (…) Aquí no vivimos como hermanos, (…) sino disputándonos un rayo de sol, como gitanos en feria: tratando de engañarnos sórdidamente, (…) odiándonos interiormente con el rencor implacable de oprimidos y opresores. El pueblo (…) permanece en la más estólida indiferencia. Gobierne quien gobernare, nada le importa; (…) todo lo sufre, todo lo acepta. El Perú, (…) puede sufrir los ultrajes de un bandolero, de un imbécil, de un loco y hasta de un orangután. (…) Nuestra columna vertebral tiende a inclinarse. (…) Y si hay hambre y miseria en unos mientras hay hartazgo y riqueza en otros, es porque el hambriento y el miserable, en lugar de rebelarse y combatir, se resignan cristianamente a sufrir su desventurada suerte. (…)

A Lima debe mirársela como el gran foco de las prostituciones políticas y de las mojigangas religiosas, como el inmenso pantano que inficiona el ambiente de la República. (…) lo que en Lima hacen ahora es comer (…) Ese banquetear de Lima (digamos de una fracción limeña) contrasta con la miseria general del país, da la falsa nota de regocijo en el doloroso concierto del Perú, es un escarnio sangriento a los millares de infelices que tienen por único alimento un puñado de cancha y unas hojas de coca.

Los que en el Perú marchan en línea recta se ven al cabo solos, escarnecidos, crucificados. (…) Nadie ataca un privilegio ni ridiculiza una superstición sin que mil voces le maldigan ni mil brazos le amenacen. (…)”

Fuente:

https://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/columnista-invitado-manuel-gonzalez-prada-por-alberto-vergara-noticia/

Y Basadre nos recuerda lo que somos

“El país no marcha en una dirección ya fijada sino oscila entre la dictadura y la anarquía, entre la atonía y el estallido. A pesar de las enseñanzas profundas del pasado seguimos con la femenina entrega al caudillaje. Rondando está la amenaza de una resurrección del peor tipo de caudillaje militar que si antaño sirvió de única oportunidad para romper con la infer-estructura colonial en la vida del país, llevando a indios y a mestizos al poder y los honores y desplazando a la oligarquía, hoy resulta utilizado por ella para apuntalar sus privilegios en peligro. El separatismo, el indigenismo puro y anti civilizado, el anti limeñismo envidioso, el limeñismo pedante y ensimismado, todo lo que hay de aldeano y de lugareño aquí, envenenan más nuestra vida estrecha. Las minorías intelectuales han sido en gran parte orgullosas y egoístas y las masas no las han respetado ni seguido.

Agrégase a ello el “complejo de inferioridad”, tan distinto por ejemplo a la vanidad argentina o al orgullo chileno, “complejo” que lleva al ausentismo de muchos, mal endémico cuyo exponente es la frase “Este es un país imposible”.

JORGE BASADRE

Perú: Problema y Posibilidad