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Impacto de la IA en la productividad y el empleo Impacto de la IA en la productividad y el empleo

2 de septiembre de 2025
Impacto de la IA en la productividad y el empleo

¿Cómo cambiarán la productividad, el empleo y la competitividad de países y empresas en un mundo donde el acceso a la inteligencia artificial (IA) está marcado por barreras de precio y poder de mercado? Sundar Pichai, director ejecutivo de la empresa matriz de Google, ha dicho que la IA es una invención de impacto más profundo que el dominio del fuego en los albores de la civilización o la generación de electricidad en el siglo XIX. Su influencia promete ser aún más acelerada y radical: transformará la productividad, el empleo y el crecimiento económico, al tiempo que reconfigurará cómo se distribuyen los beneficios entre economías avanzadas y emergentes.

De imponerse el modelo cerrado, liderado por los gigantes tecnológicos estadounidenses (Google, Amazon, Apple, Meta, Microsoft y Nvidia), el acceso pleno a la IA quedará restringido por precios escalonados según niveles de inteligencia. Este artículo examina cómo se distribuirían los beneficios entre economías avanzadas y emergentes, y entre grandes corporaciones y micro, pequeñas y medianas empresas.

Impacto de la IA en Economías Emergentes y Avanzadas

Bajo el modelo de IA cerrado prevaleciente, que encarece el acceso conforme aumenta el nivel de sofisticación, la brecha en su adopción entre países desarrollados y en desarrollo se ampliará cada vez más. Según un estudio del FMI[1], en las economías avanzadas hasta un 60% de los empleos está expuesto a la IA, ya sea por la automatización de tareas rutinarias o por la transformación del trabajo mediante la interacción con sistemas inteligentes. En las economías emergentes la proporción baja a alrededor del 40%, mientras que en los países de bajo ingreso apenas llega al 26%.

En consecuencia, si bien los países con mayor base tecnológica y capital humano aprovecharán antes las ventajas de la IA, también afrontarán un mayor riesgo de disrupción laboral. Sin embargo, en las economías emergentes y de bajos ingresos —menos expuestas a la disrupción inmediata— se perfila un riesgo aún más grave: la exclusión laboral, derivada de la falta de acceso a tecnologías avanzadas y de las limitadas capacidades para absorber los beneficios de la revolución tecnológica.

La mayor absorción de las economías avanzadas obedece a sus bases tecnológicas más aptas para aprovechar estas innovaciones, acarreando con ello mayores riesgos de “creación destructiva” de tipo schumpeteriano[2]. En este contexto, un alto porcentaje de sus empleos calificados podrían ser desplazados o transformados por la automatización inteligente.

En contraste, las economías emergentes y de menores ingresos están expuestas a una menor disrupción directa, por estar su fuerza laboral mayormente dedicada a tareas manuales o de baja complejidad, no fácilmente automatizables. No obstante, dada su carencia de infraestructura digital y capital humano especializado, al mismo tiempo corren un mayor riesgo de exclusión laboral y empresarial, pudiendo quedar rezagadas en ganancias de productividad inducida por la acelerada automatización inteligente.

La IA provocará cambios estructurales de gran escala durante décadas, redefiniendo procesos y modelos de negocio. Veremos empresas tradicionales sucumbir ante nuevos competidores más innovadores, así como profesiones transformadas radicalmente. Muchos trabajadores –especialmente aquellos con calificaciones a media escala– verán sus roles cambiar o desaparecer, mientras surgen nuevas ocupaciones antes inimaginables.

El Escenario Más Ácido para Economías Emergentes

En un escenario de dominancia de la IA de código cerrado, las “soluciones premium” más inteligentes serán sólo accesibles para unos pocos. Este modelo dominante actualmente viene siendo liderado por OpenAI –creadora de ChatGPT– y consiste en regalar su tecnología básica para nutrirla de información y entrenamiento a costo cero, mientras cobra por sus soluciones más inteligentes precios que van subiendo en “escalera” (¿con escalones en un ascenso sin fin?). El ciudadano de a pie o las Pymes sólo podrán tener acceso real a las versiones estándar o limitadas, las más baratas o gratuitas.

Por supuesto que este enfoque permite recuperar las enormes inversiones en I+D, pero a la vez da lugar a una élite de empresas con poder de mercado global exorbitante. A su vez, las economías avanzadas se beneficiarán más de las IAs de alta gama, aumentando raudamente su productividad en servicios, manufacturas avanzadas, salud y educación. Los países y empresas con acceso a la mejor IA desplazarán más rápidamente a sus competidores rezagados. Corporaciones capaces de costear las IA premium optimizarán procesos y ganarán ventaja competitiva, mientras que las demás se ahogarán en la obsolescencia.

Las economías emergentes, en su mayoría, quedarán relegadas a usar versiones atrasadas o simplificadas de la IA, limitando los posibles aumentos de productividad que podrían obtener. De hecho, es probable que muchas naciones en desarrollo se vuelvan principalmente consumidoras de tecnología de IA avanzada creada en Estados Unidos, sin capacidad local para desarrollarla, perpetuando su dependencia tecnológica.

El resultado será una asimetría agravada entre países ricos y pobres y entre empresas gigantes y las micro, pequeñas y medianas empresas. La diferencia de ingresos entre ‘trabajadores corporativos’ y ‘trabajadores no corporativos’ se ahondará aún más.

Sin embargo, el mayor riesgo de la IA no es agrandar las desigualdades, sino reemplazar al ser humano como protagonista de su propio destino. Como advertiría Hannah Arendt, si el ser humano dejaría de ser actor de la fabricación y la acción, corriendo el riesgo de transformarse en un homo exclusus: un marginado de la producción y de la vida pública. Bajo esta lógica, la IA podría consolidar un mundo con mayor eficiencia productiva, pero con mayor exclusión social, en el que los beneficios se concentran en unos pocos y las mayorías quedan fuera de los circuitos de innovación y prosperidad.

El desempleo estructural puede alcanzar niveles tan altos que buena parte de la fuerza laboral y emprendedora quedaría excluida del mercado. Países o regiones enteros podrán ser excluidas del mercado si no se implementan políticas compensatorias robustas. El crecimiento global promedio podrá elevarse al ampliarse la frontera tecnológica, pero sin el menor atisbo de convergencia futura de ingresos y niveles de competitividad entre países.

El Escenario Alternativo: La Antorcha Compartida

Sin embargo, la IA avanzada no es sólo patrimonio de Estados Unidos. China es un país que viene mostrando un avance vertiginoso y por lo menos hasta ahora da muestras de aplicar un modelo más democratizante, de código abierto, que permitiría el desarrollo endógeno de los países y empresas receptoras de sus tecnologías, sin dependencia.

En los últimos años, China ha dado señales claras de querer liderar la IA no solo en capacidad sino también en alcance masivo. Un ejemplo ilustrativo es DeepSeek, un modelo que irrumpió a principios de 2025 con una fracción del presupuesto típicamente aplicado por los gigantes occidentales. Su éxito desencadenó una rápida sucesión de servicios de IA de bajo costo por parte de empresas tecnológicas chinas, que han empezado a socavar las ofertas premium de firmas como OpenAI o Google. En cuestión de semanas, gigantes como Baidu, Alibaba o Tencent lanzaron o mejoraron sus propios modelos y aplicaciones de IA inspirados en DeepSeek, marcando el inicio de una “democratización forzada” de la IA a nivel mundial.

Este enfoque de IA abierta auspiciado por China se asemeja a aquel con el que abordó el desarrollo de otras industrias, con reducción drástica de costos y producción a escala, desplazando a competidores globales en segmentos clave, como los paneles solares o los vehículos eléctricos.

Si este modelo se convirtiera en el dominante, se desataría una ola de destrucción creativa schumpeteriana a escala global. Con las IAs avanzadas al alcance de muchos, habría un florecimiento de una suerte de innovación descentralizada. Startups de países emergentes podrían montarse en este modelo abierto y adaptarlo para resolver problemas locales. Emprendedores de todo el mundo experimentarían con IA sin tener que pagar licencias onerosas, e incluso gobiernos podrían integrar IA a los servicios públicos sin presupuestos prohibitivos.

Las gigantes tecnológicas estadounidenses se verían presionadas a reinventar sus modelos de negocio. Al estar la tecnología de punta disponible libremente, no podrían seguirse basando en la obtención de rentas monopolísticas de la IA. De hecho, la mera aparición de DeepSeek y su enfoque de bajo costo llevó a OpenAI a reconsiderar su estrategia, barajando incluso liberar parte de su tecnología para no quedarse atrás.

Los países desarrollados aún se beneficiarían al poder seguir usando las mejores IAs, ahora gratuitas, pero su ventaja relativa disminuiría porque los países en desarrollo podrían dar un gran salto sin requerir inversiones inalcanzables. Elevarían así su competitividad en agricultura con sistemas de IA para clima o suelos, en manufactura ligera optimizando cadenas de suministro, en educación aplicando tutores virtuales inteligentes para comunidades remotas, y un largo etcétera.

Qué Hacer

Tanto bajo un modelo cerrado como bajo uno abierto de IA, los países en desarrollo deberán construir una institucionalidad robusta para mitigar impactos inevitables sobre el empleo y las empresas más vulnerables. Ello exige avanzar en cuatro frentes estratégicos: (i) protección de los trabajadores desplazados, (ii) regulación del poder monopólico tecnológico, (iii) promoción de la transferencia tecnológica y (iv) transformación radical de la educación junto con el fortalecimiento de las capacidades institucionales para gestionar el cambio.

La IA no debe ser tratada como un curso o programa más en la malla curricular, sino un eje transversal en toda la educación, desde la primaria hasta la universidad. Tampoco se trata de formar un grupo de profesores especialistas en IA, sino de impregnar a toda la comunidad educativa con la cultura de la IA.

En un mundo de IA abierta, la diferencia la marcará la educación, la infraestructura y las políticas locales. Los países que inviertan en formar a su población en competencias digitales, en mejorar su conectividad y en fomentar ecosistemas innovadores podrán capitalizar la IA gratuita para diversificar y potenciar su economía.

En suma, la “mano visible” de políticas sabias e instituciones inclusivas debe guiar a la “mano invisible” de la innovación. Solo así la creación destructiva schumpeteriana se convertirá en verdadero progreso social. El gran desafío no es sólo crecer más con IA, sino crecer más con más humanidad.

Bibliografía

Fondo Monetario Internacional (2024). La economía mundial transformada por la IA ha de beneficiar a la humanidad. IMF Blog.

https://www.imf.org/en/Blogs/Articles/2024/01/14/ai-will-transform-the-global-economy-lets-make-sure-it-benefits-humanity

Schumpeter, J. A. (1942). Capitalism, Socialism and Democracy. New York: Harper & Brothers.

Georgieva, K. (2024). AI Will Transform the Global Economy. Let’s Make Sure It Benefits Humanity. IMF Blog. Fondo Monetario Internacional.

McKinsey & Company. (2023). The economic potential of generative AI: The next productivity frontier. McKinsey Global Institute.

https://www.mckinsey.com/capabilities/mckinsey-digital/our-insights/the-economic-potential-of-generative-ai-the-next-productivity-frontier

Spence, M. (2024). La promesa de la IA para la economía mundial. Fondo Monetario Internacional.


[1] Fondo Monetario Internacional (2024). La economía mundial transformada por la IA ha de beneficiar a la humanidad. IMF Blog.

[2] “El proceso de mutación industrial —si se me permite utilizar esta expresión biológica— revoluciona incesantemente desde dentro la estructura económica, destruyendo ininterrumpidamente lo antiguo y creando continuamente lo nuevo. Este proceso de creación destructiva constituye el hecho esencial del capitalismo.” Joseph Schumpeter (1942). Capitalism, Socialism and Democracy. Capítulo VII.