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Mundial 2026: Impacto económico pese a que Perú no está en la cancha Mundial 2026: Impacto económico pese a que Perú no está en la cancha

9 de julio de 2026
Mundial 2026: Impacto económico pese a que Perú no está en la cancha

El Mundial 2026 muestra que el consumo peruano conserva capacidad de respuesta ante eventos de alta atención pública, incluso sin participación de la selección nacional. El impulso se concentra en bienes durables de entretenimiento, alimentos, bebidas, restaurantes y bares, con mayor incidencia en hogares urbanos y segmentos con liquidez. Su efecto macroeconómico será acotado, pero relevante para comercio y servicios en junio-julio.

El Mundial 2026 llega a un Perú que no compite en la cancha, pero sí participa desde el consumo. Si bien la ausencia de la selección nacional reduce la carga emocional del torneo, esto no elimina la capacidad que la gran cita deportiva tiene para activar capacidad de gasto. El fútbol funciona como un evento de alta atención pública, capaz de ordenar decisiones de compra, reuniones familiares y consumo fuera del hogar durante varias semanas.

La coyuntura ayuda a explicar esa respuesta. En las últimas semanas se han evidenciado señales favorables de demanda interna, con crecimiento de la demanda eléctrica, del consumo interno de cemento y del crédito al sector privado en mayo. Ese contexto no describe un auge generalizado del consumo, pero sí una economía con bolsillos de dinamismo que pueden amplificarse cuando aparece una campaña comercial potente.

El primer frente visible está en bienes durables para el hogar. La Cámara de Comercio de Lima estima que el Mundial impulsará la venta de 140 mil televisores y generará alrededor de S/ 126 millones. La demanda se concentra en pantallas de 55 y 65 pulgadas, con creciente interés por formatos de mayor tamaño. El consumidor busca adquirir una experiencia de visualización superior, con mejor resolución, mayor tamaño de pantalla y una lógica de uso familiar que extiende el valor percibido del gasto.

La reposición tecnológica encuentra soporte en un consumidor más selectivo. Un estudio reciente señala que 20% de peruanos contempla realizar compras por el Mundial, con mayor predisposición entre limeños varones de 18 a 44 años de los niveles socioeconómicos A y B. Entre quienes planean comprar, la renovación de televisores destaca por un gasto promedio superior a S/ 1.500. Esto indica que el Mundial no empuja por igual a todos los hogares, lo impulsa con más fuerza en segmentos urbanos con liquidez y disposición a mejorar equipamiento doméstico.

El segundo frente está en restaurantes, bares y pequeños negocios vinculados al consumo grupal. Los comercios, restaurantes, bares, plataformas digitales y negocios de barrio están viviendo un mayor movimiento durante el torneo, favorecidos por la cantidad de partidos y por horarios que permiten capturar consumo en almuerzo, tarde y noche. El atractivo no depende solo del partido, también está vinculado a la ocasión social que el partido crea. Allí aparecen paquetes grupales, reservas anticipadas, promociones por horario y venta complementaria de alimentos y bebidas.

El canal HORECA puede convertir el torneo en margen si gestiona bien el aforo, la rotación y el valor del ticket promedio. La ventaja está en diseñar ofertas simples, visibles y fáciles de comprar. Menús cerrados para grupos, combos por partido y activaciones con pantallas grandes permiten capturar tráfico sin erosionar rentabilidad. El riesgo está en sobredimensionar inventarios o depender de una demanda concentrada en pocos encuentros de alta audiencia.

El evento deportivo también coincide con factores de liquidez que refuerzan el gasto de corto plazo. Julio incorpora el pago de gratificaciones en el sector formal y la antesala de Fiestas Patrias. Esa inyección no transforma la estructura del consumo, pero puede acelerar decisiones que muchos hogares ya venían postergando. En bienes durables, opera como anticipo de reposición. En servicios, financia salidas familiares y reuniones de mayor ticket.

No obstante, el entorno de precios exige prudencia. El INEI reportó que en junio el IPC nacional aumentó 0,13%, mientras que Lima Metropolitana registró una variación mensual de 0,23% y una inflación anual de 4,01%. El rubro de restaurantes y hoteles mantiene sensibilidad frente a costos de alimentos, servicios y mano de obra. Esto limita la capacidad de trasladar precios sin afectar demanda.

Por otro lado, si bien el impacto sectorial del Mundial es positivo en el corto plazo, el análisis de riesgos debe incorporar la trayectoria del fenómeno de El Niño. Los modelos econométricos actuales sugieren una incidencia negativa de al menos 0,5% sobre el PBI anual, concentrada en los sectores primarios (agropecuario y pesquero). Por ello una golondrina no hace el verano.

La principal enseñanza del Mundial 2026 para las empresas peruanas es que el consumo responde cuando la oferta logra empaquetar una experiencia concreta. La ausencia de Perú en el torneo reduce el fervor nacional, pero no cancela la oportunidad comercial. La demanda se desplaza hacia entretenimiento en el hogar, visualización compartida y consumo fuera de casa en momentos de alta audiencia.

El efecto macroeconómico será acotado y temporal. Su relevancia sectorial, en cambio, es más visible. Comercio, electrodomésticos, alimentos, bebidas y servicios de entretenimiento capturarán una demanda incremental durante junio y julio. La clave está en segmentar con precisión, cuidar márgenes y convertir el evento en recurrencia comercial.

Para la economía peruana, el Mundial opera como un termómetro útil. Muestra que el consumidor mantiene capacidad de respuesta en segmentos específicos, aun en un contexto de cautela. Para las empresas, confirma que la oportunidad no está en esperar una euforia generalizada. Está en diseñar propuestas que conviertan atención pública en gasto efectivo.