En un trajín sin desmayo entre el despacho oval de la Casa Blanca y los pasillos del Capitolio, Trump logró la aprobación congresal de la “Ley Genius” y la Ley Presupuestal “Grande y Hermosa”; una tenaza siniestra para tumbarse la estabilidad del dólar y licuar la deuda pública y privada de EEUU con más inflación. Para perpetrar este “Waterloo del dólar” y herir de muerte la hegemonía económica mundial de EEUU, Trump Manipuló tiempos legislativos, compró votos con incentivos económicos y políticos, consiguiendo así que ambas cámaras cedieran. El resultado: un doble autogol legislativo que privatiza la emisión monetaria y, simultáneamente, dispara el déficit y el endeudamiento con una expansión presupuestaria récord (más de US$ 3 trillones estadounidenses en la próxima década). Bajo este doble punzón por la espalda de George Washington y Thomas Jefferson, el dólar enfrenta hoy su amenaza más grave desde el fin de Breton Woods. En mi artículo anterior (https://alertaeconomica.com/estados-unidos-encrucijada-fiscal-y-crisis-del-dolar/) abordé el impacto de la Ley Presupuestal “Grande y Hermosa” mostrando lo fea que es para el dólar. En esta entrega analizo la anatomía de la “Ley Genius” y su fealdad para la autonomía de la política monetaria y la estabilidad financiera mundial.
Stablecoins: nueva maquinita de producción de dólares
Las stablecoins son una forma de criptomoneda, que imita a monedas fiduciarias como el dólar, el euro o el yen, aunque son emitidas por empresas privadas sin supervisión central. Ofrecen una estabilidad mayor que criptomonedas volátiles, como bitcoin o ethereum, porque se transan al valor de la moneda que imitan. Sin embargo, bajo esa apariencia sólida se esconden riesgos que la Ley Genius, impulsada por Donald Trump, amplificará considerablemente.
La Ley Genius impulsada por Trump autoriza a bancos y corporaciones a emitir stablecoins respaldadas por dólares y bonos del Tesoro. Se abre así un circuito paralelo de creación de dinero digital, fuera del balance de la Reserva Federal (FED). Esta expansión privada de dólares tokenizados santifica una emisión sin control, apoyada en activos públicos potencialmente frágiles ante desequilibrios fiscales crónicos y políticas económicas erráticas.
Es cierto que, como dice Trump, esta ley favorecerá la demanda de dólares. Sin embargo, sólo la demanda especulativa, a costa del deterioro de su demanda como reserva de valor y su función como unidad de cuenta, ya afectada por las sanciones expropiatorias de cuentas bancarias aplicadas por EEUU a diversos países. La expansión de liquidez resultante, de hecho, alimentará burbujas bursátiles y un repunte inflacionario derivado de la aceleración de la velocidad de circulación del dinero, mientras los bancos centrales migran hacia activos más seguros, como el oro. La Ley Genius, en lugar de fortalecer al dólar, marca el inicio de su erosión estructural como moneda global.
Radiografía de las stablecoins
En el marco de un ecosistema cripto dominado por la volatilidad, las stablecoins surgieron como una promesa de estabilidad digital. Su objetivo era actuar como reserva de valor, medio de pago y unidad de cuenta dentro de plataformas descentralizadas, sin la incertidumbre de los tokens flotantes (bitcoin o ether). Pero bajo su aparente solidez, el diseño de estas monedas supuestamente estables oculta riesgos estructurales que la Ley Genius, lejos de mitigar, amplifica.
Las stablecoins pueden clasificarse en tres tipos, según el mecanismo que utilizan para mantener su paridad con su moneda de referencia:
| Tipo | Respaldo Principal | Riesgo Clave | Ejemplos |
| Respaldadas por fiat | Bonos del Tesoro, depósitos | Riesgo de liquidez y falta de transparencia | USDC, USDT |
| Respaldadas por cripto | Colateral volátil en cripto | Caída del colateral y pérdida de sobrecolateral | DAI, sUSD |
| Algorítmicas | Oferta y demanda programada | Fallos de diseño y pérdida de confianza | UST (fallida) |
Las más comunes, como USDC o USDT, están respaldadas por activos denominados en dólares. La Ley Genius eleva estas monedas a la categoría de sustituto funcional del dólar sin exigir requisitos prudenciales análogos a los de un banco central. Se crea así un instrumento de circulación monetaria que aparenta estabilidad, pero que puede implosionar si los activos subyacentes pierden valor, rompiendo la paridad.
Privatización monetaria
Por primera vez desde el “free banking” del siglo XIX, se legaliza la emisión de dinero por actores privados sin intervención del banco central. Aunque estas stablecoins deben estar respaldadas por activos “seguros”, dicha noción resulta ambigua en un contexto actual de deuda pública sin techo y riesgo soberano latente.
La Ley Genius convierte instrumentos fiscales en base monetaria privada, debilitando el rol de ancla macroeconómica que ejerce la FED. A medida que estas monedas ganen terreno, los mecanismos tradicionales de política monetaria —como el ajuste de tasas— se volverán crecientemente ineficaces. Además, al permitir que grandes empresas tecnológicas emitan su propia moneda, se diluyen los límites entre sistemas de pago, plataformas digitales y redes de crédito, exacerbando los riesgos de concentración, captura de datos y vulnerabilidad sistémica.
Stablecoins: aceleradores inflacionarios
El diseño hiperlíquido y transnacional de las stablecoins elimina fricciones que en el sistema bancario tradicional ralentizan la circulación del dinero. Esto acelera la transmisión de shocks monetarios a los precios y puede desanclar expectativas inflacionarias con rapidez. Al circular 24/7, sin fronteras ni intermediación bancaria, estas monedas tienden a amplificar las dinámicas de sobrecalentamiento en economías con fundamentos frágiles.
A diferencia del dinero bancario, las stablecoins no están sujetas a encajes, ni a requerimientos contracíclicos de capital. Si sus reservas (como bonos del Tesoro) se deterioran, los emisores podrían verse forzados a liquidar activos en masa, provocando un alza en las tasas, encarecimiento del financiamiento público y más inflación; un circuito procíclico difícil de contener.
Las stablecoins tokenizan no solo el dólar, sino también la expectativa de su depreciación: al facilitar transacciones globales y actuar como forma de resguardo en economías emergentes, multiplican los canales de transmisión de shocks inflacionarios desde EEUU hacia el resto del mundo, y viceversa.
Desdolarización y pérdida de hegemonía del dólar
El dominio global del dólar se sustenta en la credibilidad del Tesoro estadounidense y en la institucionalidad de la FED. La Ley Genius fragmenta ese andamiaje al permitir múltiples versiones del dólar, emitidas por actores privados, con distinta calidad y riesgos. Se erosiona así el principio de fungibilidad absoluta que ha definido históricamente al dólar.
Desde 2015, la participación del dólar en las reservas internacionales ha descendido del 65% al 58%¹. Bancos centrales de economías emergentes han diversificado hacia el yuan, el euro y, especialmente, el oro. Al institucionalizar un dólar privado sin control soberano unificado, la Ley Genius profundiza esa tendencia y compromete la capacidad de Estados Unidos para financiar déficits a bajo costo.
El dólar ha sostenido su dominio global por la confianza en el Estado emisor y la independencia de la FED. La Ley Genius fragmenta esa unicidad: ya no habrá un solo dólar, sino múltiples versiones con diferentes emisores y riesgos. Esta dispersión erosiona la confianza de los bancos centrales.
De hecho, desde 2015, la participación del dólar en reservas internacionales ha descendido del 65% al 58%[1]. Diversos países han incrementado sus reservas en oro, yuanes o euros. La Ley Genius puede acelerar esta tendencia, al institucionalizar un dólar sin control soberano claro, con consecuencias sobre la capacidad de EE. UU. para financiar déficits a bajo costo.
El oro como refugio monetario
Frente a la fragmentación del dólar y el auge de monedas digitales privadas, el oro vuelve a ser refugio de último recurso. Entre 2022 y 2024, los bancos centrales compraron más de 2.000 toneladas de oro neto[2]. Las razones son múltiples: el oro no puede ser sancionado, congelado ni devaluado políticamente. Representa una reserva física neutral.
Según encuestas del World Gold Council, más del 70% de los bancos centrales consideran al oro clave para diversificar riesgos frente al dólar[3]. La Ley Genius refuerza esa percepción, al desvincular parcialmente al dólar digital de la supervisión pública. Cada token privado respaldado en bonos del Tesoro suma una capa de fragilidad; cada tonelada de oro, una señal de retiro.
Riesgos sistémicos
Las stablecoins permiten redenciones inmediatas en todo momento. En un episodio de desconfianza, podrían producirse corridas digitales, obligando a liquidaciones masivas de bonos del Tesoro, elevando su volatilidad y obligando a intervenciones indirectas de la FED.
También pueden incentivar la desintermediación bancaria, desplazando depósitos hacia instrumentos más líquidos y atractivos. Esto debilita la capacidad de los bancos para prestar, erosiona la estabilidad del sistema y potencia la concentración financiera en manos de pocos emisores no regulados.
A nivel internacional, estas monedas socavan la soberanía monetaria, sobre todo en economías emergentes. Las ‘stablecoins’ digitales y transfronterizas dificultan aún más el equilibrio entre tipo de cambio, movilidad de capitales y política monetaria.
Erosión del rol del dólar como reserva
Durante más de siete décadas el dólar estadounidense ha sido la piedra angular del sistema monetario internacional. Su uso dominante como moneda de reserva, unidad de cuenta en comercio internacional y ancla de estabilidad financiera global, ha permitido a Estados Unidos financiar déficits fiscales crónicos a bajo costo y ejercer una influencia desproporcionada sobre los flujos de capital mundiales. Esa posición hegemónica se construyó sobre dos pilares: confianza en la estabilidad macroeconómica de Estados Unidos y control soberano sobre la emisión del dólar. Pues bien, la Ley Genius le pega un mazazo a ambos.
Al autorizar la emisión de dólares digitales privados fuera del balance de la FED, la Ley Genius hace que ya no exista un solo dólar (bajo control del banco central), sino múltiples versiones tokenizadas, con distintos emisores, niveles de respaldo y grados de riesgo. Esta multiplicidad corroe el principio de que un dólar debe ser idéntico a cualquier otro dólar, independientemente de su forma, abriendo la puerta a dólares de primera y segunda clase según la calidad del emisor.
Si bien los nuevos dólares digitales estarán nominalmente vinculados al dólar oficial, no estarán sujetos a las mismas reglas de política monetaria, ni garantizados por el Tesoro ni por la FED. He aquí un problema de soberanía: cuando un banco central acumula reservas en dólares, lo hace confiando en la solvencia del gobierno estadounidense y la independencia de su banco central. Pero si esos dólares circulan ahora en forma de stablecoins emitidas por entidades privadas, con reservas potencialmente expuestas a riesgo de mercado, la confianza en el dólar como reserva se ve erosionada.
Esta erosión no es teórica. Desde 2015, la proporción de reservas globales en dólares ha caído de más del 65% a 58%, pudiendo incluso ser mucho menor si se computa el valor del oro a precios de mercado. Los bancos centrales, en particular en economías emergentes y potencias no alineadas con Washington, han comenzado a diversificar activamente hacia el oro, el euro, el yuan y otras divisas. La Ley Genius, lejos de detener esa tendencia, podría acelerarla. Al institucionalizar un dólar privado, desvinculado parcialmente del control soberano, se socava el valor del dólar como ancla confiable en las carteras de reservas internacionales de los bancos centrales.
Auge del oro como refugio monetario
En un mundo donde las monedas fiduciarias se multiplican sin anclaje claro y donde el dólar, tokenizado y privatizado, empieza a perder su carácter unívoco, el oro se revaloriza no solo como activo financiero, sino como símbolo de soberanía monetaria.
Entre 2022 y 2024, los bancos centrales del mundo compraron más de 2.000 toneladas netas de oro; cifra sin precedentes. Países como China, Rusia, Turquía, India y Brasil lideraron esta tendencia. Razones: en primer lugar, el oro no está sujeto a sanciones, no depende de decisiones políticas ni de agencias calificadoras y no puede ser congelado por el sistema financiero occidental. A diferencia del dólar y ahora de las stablecoins, su valor no se basa en una promesa futura de redención, sino en su existencia física e histórica como depósito de confianza.
Cuando el dólar multiplica sus emisores sin límite ni control unitario, el incentivo para buscar refugio en un activo tangible como el oro crece de forma exponencial. Los bancos centrales no sólo acumulan oro como cobertura frente a shocks financieros, sino también como respuesta estratégica ante el debilitamiento institucional del dólar. Al desligar parcialmente al dólar digital de la supervisión pública, la Ley Genius refuerza la percepción de que el sistema monetario estadounidense ya no ofrece el mismo estándar de previsibilidad y seguridad.[4]
Cada nuevo token respaldado en bonos del tesoro implica una nueva capa de fragilidad sobre el sistema dólar; cada nueva tonelada de oro en manos de un banco central representa una retirada silenciosa de ese esquema. Este desplazamiento insinúa una transición desde un orden internacional centrado en una moneda fiduciaria emitida por un Estado soberano, hacia un sistema donde la estabilidad se ancla nuevamente en un metal sin emisor ni pasivo asociado.
Riesgos sistémicos y consecuencias no previstas
Al institucionalizar la emisión privada de dinero digital, la Ley Genius abre una caja de Pandora de riesgos sistémicos que desbordan los marcos regulatorios vigentes. Uno de los peligros más inmediatos es la aparición de corridas digitales en tiempo real. A diferencia de los depósitos bancarios tradicionales —protegidos por encajes, seguros y limitaciones operativas— las stablecoins pueden ser redimidas sin restricciones de horario, en cualquier parte del mundo y sin mediación bancaria. En caso de pérdida de confianza en el emisor o en sus activos de respaldo, los usuarios pueden exigir dólares en masa, forzando a los emisores a liquidar reservas —en muchos casos, bonos del Tesoro— para sostener la paridad. Este tipo de venta súbita, ya observada a menor escala en episodios recientes, exacerba la volatilidad de los mercados de deuda y podría obligar a la FED a intervenir indirectamente pasando encima de la ley, que prohíbe rescates explícitos.
La ley Genius también puede acentuar la desintermediación bancaria, al incentivar una migración de depósitos hacia stablecoins que ofrecen mayor liquidez y, en algunos casos, retornos vinculados al interés generado por sus reservas. Esto erosionaría la capacidad de los bancos para otorgar crédito y gestionar liquidez, debilitando la resiliencia del sistema financiero. Paradójicamente, bajo la bandera de eficiencia y competencia, la Ley Genius podría facilitar una oligopolización monetaria, donde unas pocas corporaciones tecnológicas y financieras concentren vastos volúmenes de dinero digital no regulado.
A ello se suma un riesgo legal creciente, especialmente si emisores no bancarios —sin experiencia ni controles prudenciales adecuados— asumen el rol de “minibanqueros” digitales. La fragmentación regulatoria y la debilidad de la supervisión pueden facilitar abusos, fraudes o crisis operativas, agravadas por la percepción de estabilidad que proyectan estos instrumentos.
En el plano internacional, la circulación masiva de stablecoins en dólares bajo múltiples emisores y jurisdicciones afectará la soberanía monetaria, sobre todo en economías emergentes. El fenómeno agudiza el clásico trilema macroeconómico: con una moneda externa operando libremente en forma digital, se vuelve insostenible mantener al mismo tiempo movilidad de capitales, tipo de cambio estable y autonomía monetaria. Las ‘stablecoins’ transfronterizas podrían desestabilizar estos equilibrios en un tris sin oportunidad para que la autoridad monetaria visibilice el riesgo.
Además, al convertir los bonos del Tesoro en respaldo monetario privado, la Ley Genius expone a estos instrumentos a dinámicas especulativas y riesgos de liquidación acelerada (fire sales). Una corrida significativa sobre stablecoins podría desencadenar una venta masiva de deuda soberana, deteriorando su precio y credibilidad como activo de reserva. Esto activaría una doble fuga: de tenencias privadas y de reservas oficiales hacia activos físicos como el oro e instrumentos menos expuestos a mecanismos de liquidez inorgánica.
Si otros países replican el modelo estadounidense y permiten la emisión privada de stablecoins denominadas en sus propias monedas, podría surgir un ecosistema multipolar de monedas digitales, donde el dólar pierda su exclusividad como estándar global. Emisores europeos, asiáticos o regionales podrían captar demanda internacional con monedas percibidas como más estables o políticamente neutrales, acelerando la erosión del rol hegemónico del dólar en el ámbito digital.
Bonos del Tesoro, stablecoins y “lavado” masivo de dinero
Al permitir la Ley Genius que los bonos del Tesoro estadounidense respalden monedas digitales privadas, facilitará la circulación de grandes volúmenes de capital sucio que pueden blanquearse sin pasar por filtros bancarios tradicionales. En buena cuenta, permite que dichos bonos —considerados hasta ahora baluartes de la estabilidad financiera mundial— sean utilizados como escudo legitimador de flujos de origen incierto.
El diseño operativo de las stablecoins contribuye a esta vulnerabilidad. Su liquidez instantánea, disponibilidad global y bajo umbral de identificación crean las condiciones ideales para ocultar el origen ilícito de fondos. Aunque los emisores estén sujetos a normas de cumplimiento, los tokens pueden pasar rápidamente a manos no verificadas, moviéndose por billeteras no custodiadas o plataformas descentralizadas fuera del radar regulador.
Más preocupante aún es la legitimación indirecta que brinda el respaldo en instrumentos del Tesoro. Un capital de origen criminal puede transformarse en ‘dinero digital’ con apariencia de respaldo estatal, para reconvertirse luego en activos financieros o bienes físicos, sin que se dispare ninguna alarma.
La Ley Genius debilita la ya precaria arquitectura global contra el lavado de dinero. Si otros países replican el modelo y permiten emisiones privadas respaldadas por sus propias deudas soberanas, el sistema financiero internacional podría fragmentarse aún más, aumentando la opacidad y reduciendo la trazabilidad de los flujos ilícitos.
De la promesa tecnológica a la pesadilla estructural
La Ley Genius no es sólo una reforma regulatoria: es un cambio de paradigma en la naturaleza del dinero en medio de una tormenta de desconfianza. Es la consagración de un experimento plagado de riesgos fuera de control, de un mecanismo institucional paralelo de expansión monetaria sin límites, sin la coordinación ni los amortiguadores que ofrece un banco central. Lejos de reforzar el poder del dólar, multiplica sus vulnerabilidades, erosiona su unicidad y expone sus fundamentos a dinámicas de mercado volátiles, opacas y potencialmente procíclicas.
Si algo enseña la historia de las finanzas internacionales es que los sistemas monetarios no colapsan de golpe, pero se erosionan lentamente desde adentro, cuando su base institucional se fragmenta. Bajo su sonora promesa de modernidad, Trump podría ser recordado como el inaugurador de la era del dólar fragmentado y destronado.
[1] IMF Currency Composition of Official Foreign Exchange Reserves (COFER), 2024.
[2] World Gold Council, Central Bank Gold Demand 2023-2024 Reports.
[3] World Gold Council, Annual Central Bank Survey 2023.
[4] Las encuestas del World Gold Council y del FMI muestran que más del 70% de los bancos centrales consideran al oro como un instrumento clave de diversificación frente al dólar y el euro, y el 68% cita como motivación el aumento de la “politización de los activos de reserva”. Quiere decir que el oro viene recuperando su rol pre-Bretton Woods como “última moneda neutral”, que no necesita ser respaldada por nada más.


