Jorge Baca Campodónico
Predice

Potencial Reactivador del Agro Andino

Esta semana falleció Renzo Rossini Gerente General del BCRP, destacado economista y gran colaborador. Mi sentido pésame a toda su familia. Las cuentas nacionales que publica el INEI desde el 2007 permiten diferenciar no solo el crecimiento del PBI de cada sector económico, sino también el crecimiento de la actividad formal e informal de cada sector. El INEI clasifica como formales las actividades de empresas con empleados debidamente registrados en planilla y que pagan las contribuciones de Essalud, ONP o AFP. Al resto de actividades, (las que no cuentan con planilla de remuneraciones) el INEI las clasifica como Ingreso Mixto, porque no ha encontrado la forma de diferenciar el ingreso que las personas pueden generar como propietarios de las empresas, del ingreso obtenido como trabajadores de las mismas, al  no contar con la información de  planillas. Esta última categoría, el Ingreso Mixto, corresponde en gran medida a la actividad informal, especialmente en el sector agropecuario.

¿Cuántos trabajadores formales laboran en el sector agropecuario y cuantos en el informal? En el Gráfico 1 se presenta la evolución del número de trabajadores formales e informales en el sector agropecuario para el periodo 2007 – 2019. Observamos que los informales son la mayoría.  Para el 2019 el INEI reportó 3.17 millones de trabajadores informales y un poco más de un millón de formales. Es decir por cada trabajador formal existen 3 trabajadores informales en el sector agropecuario. Gracias a los grandes proyectos de irrigación en la costa y a la actividad agroexportadora, el empleo formal en el sector agropecuario ha crecido a un ritmo de 10,000 nuevos empleos formales por año. El sector informal, que venía decreciendo hasta 2016, empezó a incrementarse en los últimos años.

¿Cuán productivos son los trabajadores formales e informales del agro? En el Gráfico 2 se presenta la evolución de la productividad de los trabajadores formales e informales para el mismo periodo. Observamos que la productividad anual de un trabajador formal en el 2019 bordea los 18,000 soles de 2007 (equivalentes a 28,600 soles corrientes) mientras que la productividad del trabajador informal apenas supera los 7 mil soles de 2007 (equivalentes a 11 mil 800 soles corrientes). Si bien la productividad del trabajador informal se ha incrementado significativamente en los últimos 12 años, la brecha con la productividad del sector formal se sigue agrandando. Los grandes proyectos de irrigación (Majes, Chavimochic, Olmos y otros) no solo han incorporado un gran número de hectáreas al área cosechada y generado un gran número de empleos formales, sino que han introducido nuevas variedades de productos, tecnologías de siembra y riego que han permitido elevar considerablemente la productividad del trabajador formal.

En el caso de los trabajadores del sector informal agropecuario, el aumento de productividad se ha dado, principalmente, por la mejora de la infraestructura de transporte y telecomunicaciones, lo que les ha permitido un mejor acceso al mercado. En menor medida también has sido favorecidos por programas de mejora de la productividad en la región andina como Sierra Exportadora, Sierra Azul, Sierra Productiva, Agroideas y muchos más. Estos programas, si bien en su mayoría exitosos, no se han aplicado en la escala suficiente como para tener un impacto relevante en el sector informal agro andino. El Ministerio de Agricultura se ha caracterizado por tener muchos proyectos piloto que generan burocracia pero no ha masificado ninguno de ellos.

En los últimos 10 años los gobiernos han dado prioridad a programas de alivio de la pobreza a través de programas de transferencia monetaria, que solo alivian la pobreza en forma temporal, pero no contribuyen a aumentar la productividad del trabajador del agro. Basta comparar los números de familias beneficiadas con los programas de alivio temporal de la pobreza con el número de beneficiarios de los programas de aumento de productividad en el sector agropecuario para darse cuenta adonde han estado concentradas las prioridades de los últimos gobiernos.

¿Qué pasaría con el PBI del agro si se elevara la productividad del trabajador agropecuario informal? Supongamos que se logre duplicar la productividad del trabajador informal agropecuario de los actuales 7 mil soles constantes de 2007 a 14 mil soles en un periodo de 5 años. Con este incremento de productividad aún se estaría por debajo de la productividad del sector formal, pero el impacto directo en el PBI agropecuario seria enorme. El PBI agropecuario crecería un 15% adicional en 5 años equivalentes a un promedio de 3% adicional por año. A este crecimiento adicional habría que agregarle el impacto indirecto en el resto de la economía. Simulaciones con el modelo PREDICE nos arrojan un crecimiento adicional de 2.5% por año en el PBI total. El aumento de productividad del trabajador agropecuario informal no solo permitiría salir de la pobreza a la gran mayoría de peruanos especialmente de los moradores de la región andina, pero posibilitaría su incorporación al mercado y su formalización progresiva, especialmente en el pago de contribuciones a Essalud y ONP.

¿Cómo lograr duplicar la productividad del trabajador informal agropecuario?  Experiencias exitosas como Sierra Productiva nos señalan el camino. Solo 10% de los agricultores informales de la sierra tienen acceso a agua de regadío los 12 meses del año, la mayoría depende de la estación de lluvias. La construcción de miles de pequeños reservorios de agua garantizaría al agricultor tener por lo menos dos cosechas al año. Del mismo modo la utilización de riego tecnificado, semillas certificadas, control de plagas con el apoyo de SENASA y uso de fertilizantes aumentaría los rendimientos del área sembrada.

Pero donde reside el mayor potencial de crecimiento del sector agro andino esta en la forestación. Un gran porcentaje de las tierras en la Sierra tienen potencial forestal pero no son utilizadas por falta de inversión. Su propiedad esta en manos de las comunidades indígenas o son del estado.  La gran mayoría de los agricultores informales de la región andina podría trabajar en proyectos de forestación además de su trabajo en su parcela. Los proyectos de forestación podrían integrar a los proyectos mineros y a las comunidades indígenas de la zona. Los proyectos de forestación son proyectos de largo plazo y requieren de financiamiento durante el periodo de maduración.

Los proyectos mineros deberían adecuarse para que contemplen proyectos de forestación, sembrío y cosecha de agua en las áreas de influencia del proyecto y en coordinación con las comunidades indígenas. La complementación de la minería con la agricultura a través de este tipo de proyectos permitirá la creación de empleo productivo formal durante el periodo de maduración del proyecto forestal y un ingreso futuro cuando el proyecto minero cierre sus operaciones. Se tendría un impacto ambiental positivo y se generaría un ambiente social favorable respecto a la actividad minera.

Este Gran Salto en productividad (Big Push) que se daría en el ámbito rural se puede dar también en el ámbito urbano marginal, generando en el corto plazo dos millones de puestos de trabajo formales y productivos. Para ello se requiere la acción coordinada del sector privado, el sector público, las fuerzas armadas, las iglesias, las universidades y las organizaciones ciudadanas. Es una lástima que la mayoría de los partidos políticos concentre sus propuestas en grandes obras de infraestructura (trenes, grandes carreteras, etc.) en generación de empleo temporal, en otorgar bonos o aumentar los programas de transferencias monetarias, que si bien necesarias, postergan al sector que más necesita elevar su productividad. El elector tiene la palabra.

 

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